Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

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Remar los años en mi cumpleaños

 

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Restos de torta, café caliente y tiempo de volver

Antes de leer, hacé click aquí y volvé.

<Estas preciosas ilusiones en mi cabeza
no me abandonaron cuando estuve indefensa
y separarse de ellas
es como separarse de los mejores amigos invisibles> – Alanis Morissette, Precious Illusions

Hace dos días que vengo dándole vueltas a este posteo. El día de publicación era justo el martes de mi cumpleaños y quería que fuera algo copado, positivo, energético…bueno, festivo. Ojalá pudiera decir que no tuve tiempo, que estuve ocupadísima para publicar, pero no: no tuve palabras.

Cuando era una niña el año se volvía un sin fin de días tan largos, tan interminables que sólo las fechas de navidad, día del niño, reyes magos y mi cumpleaños eran esos edenes placenteros para los que contaba los días. Una mamá que se pasaba la tarde cocinando pizzetas y empanadas, los compañeros que llegaban a la casa a meterse por todos lados y ensuciar los cuartos con caramelo chupado, los kits de regalo con utensilios de doctora, princesa, veterinaria o simplemente de mujer grande donde podía ser lo que quisiera, lo que soñara que sería en el futuro. Esos días eran, realmente, la plenitud.

Con el tiempo te empezás a dar cuenta de otras cosas, que el año es muy corto en realidad, que pasa pronto y que ocurren miles de miles de cambios cada día. La navidad, los reyes, el día del niño ya no tienen casi ninguna diferencia con el resto. Y de repente llega tu cumpleaños, ese día que te recuerda el pasado, a tu vieja cocinando como loca, al café que te hubieras tomado con tu mejor amiga, al insoportable “que los cumplas feeeliz, que los cumplas feeeeeliz” en que nunca sabés cómo actuar y cuya ausencia te dice que ya sos esa mujer grande que alguna vez anhelaste. Sin tanta chuchería, un poco destartalada, con una melancolía a cuestas, pero sos.

Hay días que son naufragios, otros son mares en calma y nosotros remadores con una balsa a cuestas, toda una vida para conocer las aguas, tratarlas con respeto, dejarnos impulsar por el viento, escuchar los sonidos de sabiduría, respirar, llegar a un lugar: tener un propósito que trascienda. ¿A dónde vas? ¿Hacia dónde estás llevando tu balsa?. Feliz cumpleaños.

Este año sólo tuve un deseo, pintarme las uñas. Y lo hice de un rojo pasión. Supongo que la vida en el pueblo muchas veces te quita la galantería que una vez cargaste como periodista que sabe que cada detalle cuenta.Ya se está resquebrajando y decolorando pero ese día anduve con mis uñas furiosas, y me sentí bien. Porque confiás que la melancolía se va a ir, viene y se va como oleadas. Y te abrazás a los remos y seguís y seguís y seguís, empujada por lo invisible con el corazón que te tiñe las uñas de rojo, con manos guerreras, con la espalda arqueada, dejando todo porque, a fin de cuentas, para eso nos echaron a la mar: para llegar. Y ese lugar está más cerca que todo y más lejos que todo. Hasta que lo encontremos, mientras tanto seguimos remando.

¿Será que el hombre es eso? ¿Esa batalla? – Mario Benedetti, Esa Batalla.

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Cc. Luca art (flickr.com/photos/lucaart/)

 

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¡Se nos vino el tsunamiiiii!

Y yo sigo morfando alfajores de pueblo playero (¡están buenos!).

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Han sido días de puro stencil y papel contact negro. Eso se llama vivir en casa alquilada y haber aprendido de la experiencia de rayar una pared ajena anteriormente (una genia mi exarrendataria que me permitió dejar las poesías en sus paredes). Las paredes blancas de la casa nueva me estaban matando, me perseguían. Era llegar a un lugar que no decía nada de nadie, que no inspiraban a nada y peor cuando uno de los amigos entra y te dice “todo blanco, parece de muerto”. Whaaaat? No, mi casa no es de muerto señor, no.

Así que ni lenta ni perezosa ni gastadora, quise empapelar la pared…cuando me dí cuenta que ese tipo de papel está sobre los U$D 50 los 3 metritos, se me fueron las ganas y terminé sacando de la góndola de Ferrisariato el clásico papel contact. Todos hemos tenido la experiencia de forrar los cuadernos de la escuela con él, que se hacían unas arrugas terribles. ¡Qué gusto descubrir que cuando pinchabas con una aguja las burbujas de aire todo quedaba lisito!. En fin, volví a eso. Más de 5 mtrs. a U$D2.50…ah, amo ahorrar. Lo malo o raro debería decir es que ahora todas las decoraciones son en negro, incluyendo dos cuadros de Guayasamín -gran artista guayaquileño- que colgamos en la pared.

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Da miedito, lo sé. 

Queríamos tener un gatito que nos ronroneara cada vez que lo veíamos, que nos diera la bienvenida mimoso y sensual como son ellos, que comiera poco (o nada), que pudiéramos dejar en la casa y que no hiciera cacuna adentro.

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Saludemos a los lectores gatito.

Y al final resultó que el sillón gris que conseguimos para recibir a la gente y descansar, es donde todo el mundo prefiere sentarse a whatsapiar y whatsapiar y sacarse fotos, así que lo llamamos “el sillón de la conexión” y abajo pienso poner la contraseña del wifi…y claro, el twitter de Penguin y el rss de EcuatorianaEnConstrucción.

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¿Me das la clave del wifi?

¿Qué les pareció el intento de decoración? ¿no es acaso una necesidad hacer de una casa/cuarto un hogar, un lugar de pertenencia, tu nido en el mundo? Para mí sí, totalmente. Tengo ganas de hacer miles de cosas en las paredes, llenarlas de mensajes, poesías, fotos y dibujos pero bueno, “kam, kam, ruz be ruz” diría mi viejo (“despacio, despacio, día a día” en idioma farsí).

Cambiando de tema, les cuento que estoy totalmente enganchada con dos blogs que encontré, me tienen loca. Uno es Going Home to Roost de una chica que es vegana sigo a full con la onda naturista y hace manualidades, es súper estética y tiene ideas que copan. Es un deleite así que visiten. El otro es Detoxinista, una “man” topísima que tiene toda una teoría sobre la combinación de alimentos y también hace comida muy saludable, orgánica y súper fácil. Hay varias recetas que me apunté a hacer. Ya sé, ¡todas son en inglés! Pero bueno che, las fotos están lindas, la mayor parte de las cosas se pueden entender y siempre está nuestro querido Google Translate para todo.

Y de bonus track les dejo algo interesantísimo que leí sobre las 18 cosas que las personas creativas no hacen igual que el resto. Así que si te considerás creativo o estás rodeado de personas así (seguro que sí), te va a venir muy bien.

 

1 mes se pasa volando

El martes salí puntual del trabajo y caminé con paso rapidito por las calles embarradas y encharcadas de lluvia invernal. Compré papas y limones en la verdulería ambulante que todos los miércoles y viernes se instala en la esquina del departamento del balcón gigante. Ese martes era nuestro primer mes de casados e iba a ser perfecto.

2 horas y media estuve en la mini-cocinita hirviendo papas, licuando salsa a la huancaína, buscando recetas en internet y haciendo mousse de limón. No almorcé. Volví corriendo al trabajo. Por mirar a un señor que siempre me llama desde su casa (no sé quién es), metí el pie en un charco y me embarré la pantorilla. A las seis en punto corrí al departamento a vestirme. La idea era hacerme “la que no me acordaba”. El Penguin llegó y me saludó alegre. Se sentó en la compu. Me fui a la cocinita y empecé a emplatar haciéndome la más Narda a lo pobre. Vi como que no pasaba mucho, cero sorpresa de parte del otro, ningún comentario romántico. “Amor” me dice “¿cómo se llama ese tema que escuchamos en nuestra luna de miel? Lo quiero buscar en Youtube”, “Al vacío, de No te va a gustar”. Suena Al Vacío a todo dar.  Para que entiendan, el estribillo dice:

No quiero más verte pasar,
solo me quiero sentar a esperar y rogar.
Que saltes al vacio y que no vuelvas nunca,
y que toda tu vida te mate la culpa,
de haberme robado una parte del alma. 

Y mi esposo cantandola con todo el sentimiento en nuestro primer aniversario y yo como boluda revolviendo la huancaína. No da. 

Se me saltó la ficha y le dije con voz de histérica contenida “disculpáme, pero no sé si te acordás que hoy hace exactamente un mes que nos casamos. Igual, no importa…preparé una cena en el balcón así que poné la mesa por favor. Y te cuento que pensaba poner un estado en facebook, pero ahora ni pienso.” Lo de facebook lo dije por despechada, lo sé.

“Pero nuestro aniversario es el 19, cuando nos pusimos de novios”, me dice. “Nos casamos el 28, ahora pasa a contar ese día”, “no, yo voy a celebrar el 19”, “bueno, yo voy a celebrarlo el 28. Lo-lamento”, y me di media vuelta con aires de importancia. Seguí cortando el huevo en rodajas. La huancaína parecía un pan amarillo en el tupper. La probé y tenía un sabor ligeramente agrio. No podía ser…el queso fresco se había cortado (ese tipo de queso nunca vi en Argentina, es como una ricota bien prensada y se daña en cuestión de minutos si está fuera de la heladera…SÉPANLO). El plan debía continuar. Acomodé todo en los platos. Puse velas sobre latas para dar un aire romanticón y me fui afuera a continuar con lo estipulado. 

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“Uff…está buenísimo. Tiene un toque…como ácido. ¿Le pusiste vinagre, no?” “Nah…debe ser la salsa”. Él me pone una cara de “no tiene sentido tu respuesta, ¿le pusiste vinagre o no?”. “Cheee, y hablando de vinagre”, le digo “¿qué tal tu día en el trabajo?”.

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Un balcón gigante, una hamaca, un lago propio y la luz de las velas. Cerrar círculos nunca fue más genial.

Con el fin de la huancaína siguió la mousse de limón y el azúcar nos trajo las risas y los recuerdos románticos. “Vas a extrañar este lugar, ¿no?” “No sé…creo que este fue un maravilloso último recuerdo” dije mientras miraba las estrellas balanceándome en la hamaca, como antes. Cerré los ojos y tomé una foto mental, la guardé en el álbum de las cosas placenteras. Sonreí. Esa noche después de dejar la casa del balcón gigante entré a mi facebook y empecé a tipear “Yo me acuerdo de cada sensación, melodía y detalle…de ese nudo en la garganta cuando te vi esperándome al final del salón. Un mes que parece un año. <You know how it is. Sometimes we plan a trip to one place, but something takes us to another>- Rumi”. Le di enter.

 

 

El duelo

Me quedé mirando el techo sin poder dormir, cosa rara en mí. Extrañaba el colchón en el piso, las carcajadas de último momento, el calor insoportable del cuarto, la cortina cosida a mano, las baldosas sueltas del living. A pesar de que mudarnos de casa era un progreso, yo extrañaba ese departamento del balcón enorme. Hice una mueca de dolor al recordar mis noches de solitaria reflexión acostada en la hamaca con mosquitos mordiéndome los tobillos. “No me digás que extrañas el departamento” me dijo el Penguin. “Es que cuando teníamos los colchones chiquititos eramos más felices, nos abrazábamos para entrar los dos”, le dije dramáticamente.

El año que viví sola en Chongón fui inmensamente feliz. Ponerse uno mismo en situaciones extremas (y “lo extremo” para cada uno es diferente) te hace dar cuenta cuán adaptable es el ser humano. Aprendí cómo el no tener tele, ni internet ni radio te enfrentan a pensarte a vos mismo, conversar con vos mismo, y escuchar las voces de todo lo que te rodea; que bañarme con agua fría todos los días era posible con una olla, una latita y un balde; que tocar la puerta de tu vecina de abajo y decirle “necesito alguien con quien hablar” es una frase mágica que abre corazones y tiende lazos. Entendí cuán importante se puede volver una salida de domingo a la ciudad, un abrelatas de regalo, una hamburguesa de Mcplástico para recordar con sana alegría lo que en algún momento fuiste; que para construir un hogar no se requiere más que estar alerta de llenarlo de buenas energías y cubrir las paredes con cajitas de cereal forradas con papel de regalo e individuales baratos; que puedo dibujar en las paredes aunque ya soy grande.  ¿Y cómo querés que no haga puchero cuando estoy saltando a otra etapa?

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La pared me habla

“Penguin, no se trata del lugar ni del colchón ni del balcón sino la actitud que uno lleva al siguiente nivel”, me dice. Y recuerdo que mi casa de soltera es eso, mi búsqueda y que ahora emprendemos una nueva aventura: la nuestra. Y que él también está de duelo.

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Despide a las gallinas con melancolía

 

Todos dejamos algo inferior por alcanzar un objetivo mayor. ¡Y esto es de valientes! Me doy cuenta que cada gran cambio viene con una cuotita de dolor, un duelo que es sano. Para cerrar este círculo decidí hacer algo especial que me resultó 100% efectivo. Les cuento en el próximo post porque esta compilación de reflexiones pseudo psicológicas de año nuevo atrasado me quedó larga.

Un día en la vida

28 de diciembre, 9 de la mañana. 11 horas para la boda. 

Desperté y era un día magnífico y despejado. Había decidido que todo iba a ir bien. No me iba a poner nerviosa, iba a tener la última cita con mi novio, todo sería…

(Se abre la puerta violentamente) “¡¿Podrías despertarte por favor?! ¡Ya son las once de la mañana y sos la única que está durmiendo!”. “Ya voy mamá, ¿podés salir de mi cuarto por favor?” “Cada día me asombra más tu irresponsabilidad, hasta el día que te vas a casar. Espero que con tu esposo no te despiertes a esta hora”. “Gracias, voy a tomar el consejo”. (Cierra con un portaso).

10 de la mañana. 10 horas para la boda. Gente en la cocina picando decenas de kilos de verdura. El padre gritando al perro. La madre gritando a la hermana. La hermana gritando a la novia. 

13 del mediodía. 7 horas para la boda. Final de la última cita de novios. Caminando por calles Mendoza y San Luis. 

“Amor, ¿te acordás dónde dejamos el auto?” “No amor, no soy de aquí, soy ecuatoriano…” “Sí, ya sé…pero tal vez recordás la esquina. Técnicamente era esta…”

13.25 hs. 6.20 horas para la boda. Caminando por Rioja y Maipú. 

“¿¡Pero cómo que no recuerdas que auto era!? ¡Por Dios, es el auto de tu papá!” “¡Sí me acuerdo, no seás exagerado, ¿querés?! ¡Es un Megane azul! ¡Cortala ya y ponete a buscar!”

14.05 hs. 5.55 hs para la boda. 

Suena el “piuiií” de la alarma del auto. “¡Amor, lo encontré, qué bendición!”. Cara de asesinato. “Eso no es un Megane, es Renault” “Perdóoon… pensá que esto va a ser una linda anécdota”.

18.30 hs. Peluquería del chaboncito fumón. Nido de ratas exótico al costado de la cabeza y mucho spray. 

“Disculpame, ¿es así como debería quedar el peinado?” “Sí bonitaaa (arregla histéricamente el nido erizado) vos me dijiste que querías rulos naturales recogidos. Esos son tus rulos naturales”. Lagrimón psicológico. 

20 hs. Hotel. Mucha base Maybelline para cubrir las marcas ecuatorianas que llevo en la piel. Jarabe de palo a todo dar en el celular y desodorante rolón como micrófono.

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20.15 hs. 45 minutos para la boda. 2 pastillas de Actrón, cinta adhesiva, zapatos dorados de 15 cm de taco y plataforma. Machucón inexplicable hasta el día de hoy, pero muy doloroso. 

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20.30 hs. Se desata la lluvia torrencial. San Juan es un desierto donde nunca llueve pero ese día tenía que llover. La ceremonia al aire libre se cancela y entran todas las sillas mojadas a un salón caluroso. 

Mientras tanto al hotel llega el auto que recoge a la novia. Sube. Conducen con los gotones golpeando el vidrio. Cantan. Lo que tiene que ser será y será como deba ser. Llegan al salón. Le abren la puerta del auto. La cola del vestido se cae a un charco debajo. Se le abalanzan el tío, la madre y la decoradora gritando histéricamente “quedate tranquila, estás hermosa, ¡tranquilizate!”. Sonríe, se ríe “¡estoy tranquila!”. Mira al padre que tiene los ojos vidriosos de un rosa que desalma y le dice “esto es tan gracioso, no podría haber sido mejor”. Se abren las puertas, la gente atestada adentro los aplaude y sonríen. Siente su canción de fondo tocada en violín. Se le estruja el corazón. Mira adelante, y allá en el fondo está él, con la ternura sensible que le sonroja las mejillas. Suspiró y no pudo aguantar las ganas de llorar.  

Crecen alas en el vacío

Hay momentos en la vida en que es necesario parar y replantearse. Es una pausa que puede definir todo el camino. Una pequeñisima pausa en el tiempo, un punto de inflexión, que hace que la vida tome un rumbo diferente. Un 19 de junio decidí hacer una pausa y poner un punto. Un día como hoy pero hace 6 meses cambió mi rumbo. Esta entrada es un agradecimiento.

Este fue el segundo post que estaba escrito en la hoja de papel con letras manuscritas: 

“Bueno, tengo una noticia”, dije a mis viejos por skype a mis 24 años, viviendo sola en Ecuador. Se quedaron congelados. Después se lo dije a 8 personas más. Todos con la misma reacción ¡congelados!. Qué se yo…uno espera otra cosa. Un “eeeeeey, ¡felicitaciones!”, sincero, desde el estómago, con una sonrisa de oreja a oreja y un abrazo histérico. Pero no, todos shockeados. “Qué pronto…y tan joven…pero ¡bien, felicitaciones”. Y en ese instante se venía el “oooh shet” al pensamiento, y luego el pánico. El ser humano suele reforzar sus conductas cuando son aceptadas por la colectividad. Y cuando no…te querés morir, te agarra una incertidumbre y un vacío… o sea, estamos hablando de unir tu vida a alguien y recibís la reacción del anuncio de un funeral. 

Entonces me puse a  pensar qué acto de locura semejante hay hoy en día más que casarse. No, no hemos convivido antes. No, no estoy embarazada. No, no hemos tenido un noviazgo de dos, ni tres ni cuatro años. Sí, ha sido de un par de meses nomás. Sí, me voy a casar. Sí, soy una kamikase y empiezo a dudar de mi cordura. No, no…wait. ¿Entonces casarse está mal o bien? Si conviviera con mi novio ¿tendrían todos la misma reacción? ¿y si diijera que estoy embarazada?. De repente uno se siente una rebelde sin causa. Y sí, es verdad que casarse como me voy a casar (y casarse en sí) es un salto de fe. Pero ¿qué más da? A veces hay que saltar de la cima para desplegar las alas y volar, salir de la zona de confort.

Me doy vuelta y lo veo a él, tan apasionado en lo suyo, loco, graciosamente despistado. Me mira y me sonríe. Respiro hondo y confío. Uno, dos…¡tres! y salto. Miro a mi costado y lo veo a él, saltando también. 

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Penguin, felices 6 meses. 

Como comienzan las revoluciones

¡El Penguin y yo ya llegamos a Argentina! Sólo faltan dos semanas para la boda. Este es el post que escribí mientras esperaba el avión desde Guayaquil a Buenos Aires.

Aeropuerto de Guayaquil. Sentada en la mesa mirando a la pista de despegue con un café, qué mejor. Tres notas:

Una: la cantidad de ecuatorianos que viajan a Estados Unidos es increíble. Casi todos tienen  parientes establecidos allá. En la mesa de enfrente de donde estoy sentada hay una pareja avanzada en edad, esperando su vuelo a Miami. Se encuentran con un ‘anestesiólogo’ (hago la aclaración porque cuando la señora le dijo “¿usted es anestesista, verdad?”, el respondió “sí, anestesiólogo”). Según una nota del diario El Universo el primer lugar donde reside mayor cantidad de ecuatorianos es Guayaquil, claro. Después vienen Quito y Cuenca. ¿Y la cuarta? ¡Nueva York!. ‘Qué lámpara’, dirían mis amigos chongoneños.

Dos: esperando otro vuelo hay una familia linda, joven. La mamá es bella, embarazada de unos 6 meses. El papá parece empresario y es muy alto. Dos niños, un nene de 4 y una como de 6. Yo estaba concentrada comiendo una galleta de nuez y chocolate cuando la parejita de edad de enfrente mío (lo siento, estaba escuchando su conversación) dicen “mira, se pelean por el perrito” y encuentro a los niños de la pareja envueltos en una pelea con una gringuita como de 5 años. La gringuita tenía un lobo de peluche y los nenes ecuatorianos se lo estaban estirando a más no poder para quitárselo. La mamá se levantó y los retó. Soltaron el lobo y de la fuerza, los tres se cayeron para atrás. Fue chistoso. El nene –Santi, según escuché- salió corriendo y empezó a dar vueltas por las filas de bancos, animando a las otras dos. La gringa estaba inerte, como sus dos padres totalmente inexpresivos. Santi corría, gritaba, se subía a los bancos y hacía muecas. La hermana se reía. Los padres les llamaban la atención. Una y otra y otra vez. Volvieron a donde estaba la rubiecita y la empezaron a molestar con un muñeco de Spider Man. Le golpearon la cabeza. Ella tomó su maleta de mano con rueditas y empezó a caminar alejándose. Santi se le tiró arriba de la maleta y la nena siguió tirando con fuerza, como llevándolo con un carrito. Se cayeron los dos. La hermana mayor traía otra maleta con rueditas. Los tres se reían. Empezaron a correr. Volvió la mamá de Santi y les llamó la atención. Se trajo a sus dos hijos cerca para que se queden quietos. Santi se tiró al suelo, llevó las piernas arriba y empezó a moverlas diciendo que así se había caído su Spider Man. Las otras dos lo imitaron. Yo pensé en todos los gérmenes que habían en el suelo, pero a ellos no les importaba en lo más mínimo. La mamá de la gringuita les llamó la atención. Luego el papá de los nenes. Les dijeron “por favor, ya basta, pórtense bien”. Santi definitivamente era el hacedor de la revolución.

El papá abrió su maleta de mano. Sacó una tablet. Se la dio. Habían dominado al líder. Se quedó quieto hasta que hicieron la llamada para embarcar el vuelo.

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Tres: sentí envidia de Santi y las nenas. Ver a esa mancha de hombres y mujeres, todos mudos y serios, revisando sus laptops/smartphones/tablets en los asientos prolijamente ordenados del aeropuerto y ellos rompiendo las filas cuadradas perfectas con su correr. Corrían sin vergüenza ni temor, se reían y gritaban cosas sin sentido. Hablaban de Spider Man y del lobito a todo pulmón. Se tiraban encima de las maletas y se caían a propósito. Y recibieron más de 5 llamados de atención en 20 minutos que duró mi café.

¿Por qué?

Se me aguaron los ojos. Será que estoy muy sensible.

Con mantequilla la vida sabe mejor

Las primeras tres entradas de este blog las hice en una hoja de papel, a la antigua. Por pereza y olvido nunca las transcribí. Pero hace un par de días encontré la hojita doblada en cuatro, llena de manuscritas negras, entre un montón de basura. Ya ni recordaba lo que decía, así que la leí. Pensé que era  justo incluírlas en estas “notas de viaje”, por ser las primeras que pensé. Ocurrió en Agosto, cuando yo recién volvía de mi primer vuelta a Argentina. Aquí va:

Iba caminando por la calle terrosa contenta, con el sol brillando en las mejillas. La vi a la señora ya avanzada en edad, caminando en contra mío. Le sonreí. Yo solía llevarle videos que producimos en Chongón a su casa . “¡Hoooola!” le dije con una sonrisota al volver a verla después de un mes de desaparición. “¡Está gorda!” me respondió ella con otra.

Buruburú. Rayón de cassette. Sonrisa congelada, el sol dejó de brillar, todo el glow que traía se esfumó a no sé dónde. “¡Pero qué vieja de cuarta!” pensé inmediatamente. Ella, tan sincera y alegre seguía caminando hacia su casa como si nada. ¿Y yo? Sintiéndome gorda, desarreglada y llena de tierra. Pero de los tres, lo peor era sentirme gorda y la señora tan feliz me lo había dicho casi como con alegría. Casi como un halago. ¿Habrá sido un halago? Después de todo, casi todas las mujeres de Chongón son rellenitas, lindas, ricas.

Cc: jgmartin

Me di cuenta que tenía hambre. Pensé en cuánto me gustaría comer bolón de verde y chicharrón. Hice un recorrido mental de los lugares donde podría conseguirlo. “¡Focus, por Dios!” me repetí a mí misma. Intenté volver a enojarme con la señora. Me di vuelta y vi el puntito oscuro y gordito que era ahora ella, lejos, en la misma calle de tierra, hacia su casa, caminando contenta a merendar maduro con queso. La miré, sonreí y largué una carcajada del momento. “¡Graciaaaas, la pasé bien en Argentina!”, le respondí en un grito de victoria.

El lado oscuro del pueblo

Ayer se cortó la luz. Desde las 19 hasta las 21.30 hs. Por suerte tenía velas y como sentía que todas mis actividades planeadas quedaron paralizadas por el corte generalizado (sí, se cortó en TODO el pueblo; no, no se veía absolutamente nada) no tuve mejor idea que ponerme a cortar unos pimientos. Bastante random.

ImagenBuena forma de mantener la albahaca siempre fresca. Vos viste, dártelas de chef a la luz de las velas tiene otra sensación.

A las 20 hs decidí salir a investigar al parque y ver qué tal era el pueblo en obscuridad completa…llegué a la esquina. No veía ni donde pisaba. Sentía que había gente que caminaba cerca mío pero no los veía…alguien venía en bici. Me entró el pánico. Pánico feo, ese de temer por la vida de uno. Me di media vuelta (empecé a balancear la llave que tiene una cintita larga a modo de herramienta de defensa personal, muy amenazante) y me volví al departamento. 

ImagenUna moto pasando por mi barrio

A las 20.30 decidí que era momento de ir a dormir (?). Apoyé la cabeza en la almohada y los sentí, a pesar de estar en la otra cuadra. Los sentí cantando (a ellos), turnándose uno a uno pero esta vez sin parlantes ni micrófono. Realmente tienen pulmones de acero porque cantaron como 40 minutos y yo los escuchaba clarito. “¡Nada nos parará Señor!” gritó la hermana Yoselyn y los creyentes entonaron al unísono “naaaada nos pa-ra-rá-Se-ñooor…¡nada nos parará!”. Y yo, entonando en mi inconsciente fui abandonándome al sopor del cansancio. Naaada nos pa-ra-ráaa…naaada nos para..pa-pá…naaadaaa…señor…zz zzz zz… 

La luz volvió unos 30 minutos después. Sentí el pitido de los electrodomésticos. Pero los hermanos ya estaban cansados para un quincuagésimo round de plegarias. 

La olla, la latita y el balde

Esas tres cosas he descubierto que son necesarias para hacer de mi día algo placentero. Esas tres cosas, recuerden.
Vivir en un pueblo te hace dar cuenta de cuán especiales son algunas cosas en la vida: sí, la familia, los amigos, un buen dulce de leche. Pero además de todo eso y por muy ‘piba malcriada’ que suene, extraño el agua caliente. En la ducha, en el lavamos, en el bidet (o mejor dicho, extraño el bidet en sí). Descubrí después de múltiples visitas a casas que casi ninguna trae agua caliente en las duchas, y que es algo que uno tiene que poner. Después de 11 meses de estar aquí compré una ducha eléctrica a 23 dólares y el único electricista que conozco me quiso cobrar 50 para instalarla, así que fue un rotundante “no”. Por más que intenté ejercer el autocontrol sobre mí, me di cuenta que en la noche, cuando la brisa fresca sopla y se te pone la piel de gallina, me encantaaaa ducharme con agua tibia. Así que, a la vieja usanza, recordé cuando mi vieja o tal vez “la Nan” me contaban que antes calentaban agua en una olla y se bañaban con eso. Así que así lo hice.

Comparto mis aprendizajes al respecto: Ponés una olla llena de agua a hervir. La tenés que dejar un largo rato haciendo burbujas (no la podés apagar apenas empieza a hervir, queda fría igual, eso me lo reveló mi vecino Alex cuando le pedí consejos para calentar el agua). Después la ponés en un balde y recién ahí lo llenás con agua fría. No puede ser al revés, no funciona (o sea, no podés poner primero el agua fría y al final agregar la caliente porque queda super fría, cosa rara, pero el orden de los elementos sí altera el producto final). Después necesitás una latita de fréjol o porotos, arvejas o leche condensada. Te vas a la ducha con el balde con la mezcla de aguas y la latita y de ahí empezás a”bañarte”.

Aprendí que una olla de agua hirviendo te alcanza para un balde lleno de ducha. Aprendí que un balde bien administrado te alcanza para una ducha de cuerpo entero incluyendo shampoo y baño de crema. Aprendí que uno puede haber recorrido el mundo, estudiado una carrera universitaria y conocer idiomas (no es mi caso, aclaro), pero no tener idea de cómo afrontar con practicidad los desafíos diarios. Y que ante estos desafíos, hay que preguntarle a los que más saben (gracias Alex).

La olla, la latita y el balde

Después hay que dejarlos dados vuelta para que
no se críen mosquitos

Me voy a bañar. ¡Buen jueves per tutti!

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