Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

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¡Se nos vino el tsunamiiiii!

Y yo sigo morfando alfajores de pueblo playero (¡están buenos!).

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Han sido días de puro stencil y papel contact negro. Eso se llama vivir en casa alquilada y haber aprendido de la experiencia de rayar una pared ajena anteriormente (una genia mi exarrendataria que me permitió dejar las poesías en sus paredes). Las paredes blancas de la casa nueva me estaban matando, me perseguían. Era llegar a un lugar que no decía nada de nadie, que no inspiraban a nada y peor cuando uno de los amigos entra y te dice “todo blanco, parece de muerto”. Whaaaat? No, mi casa no es de muerto señor, no.

Así que ni lenta ni perezosa ni gastadora, quise empapelar la pared…cuando me dí cuenta que ese tipo de papel está sobre los U$D 50 los 3 metritos, se me fueron las ganas y terminé sacando de la góndola de Ferrisariato el clásico papel contact. Todos hemos tenido la experiencia de forrar los cuadernos de la escuela con él, que se hacían unas arrugas terribles. ¡Qué gusto descubrir que cuando pinchabas con una aguja las burbujas de aire todo quedaba lisito!. En fin, volví a eso. Más de 5 mtrs. a U$D2.50…ah, amo ahorrar. Lo malo o raro debería decir es que ahora todas las decoraciones son en negro, incluyendo dos cuadros de Guayasamín -gran artista guayaquileño- que colgamos en la pared.

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Da miedito, lo sé. 

Queríamos tener un gatito que nos ronroneara cada vez que lo veíamos, que nos diera la bienvenida mimoso y sensual como son ellos, que comiera poco (o nada), que pudiéramos dejar en la casa y que no hiciera cacuna adentro.

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Saludemos a los lectores gatito.

Y al final resultó que el sillón gris que conseguimos para recibir a la gente y descansar, es donde todo el mundo prefiere sentarse a whatsapiar y whatsapiar y sacarse fotos, así que lo llamamos “el sillón de la conexión” y abajo pienso poner la contraseña del wifi…y claro, el twitter de Penguin y el rss de EcuatorianaEnConstrucción.

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¿Me das la clave del wifi?

¿Qué les pareció el intento de decoración? ¿no es acaso una necesidad hacer de una casa/cuarto un hogar, un lugar de pertenencia, tu nido en el mundo? Para mí sí, totalmente. Tengo ganas de hacer miles de cosas en las paredes, llenarlas de mensajes, poesías, fotos y dibujos pero bueno, “kam, kam, ruz be ruz” diría mi viejo (“despacio, despacio, día a día” en idioma farsí).

Cambiando de tema, les cuento que estoy totalmente enganchada con dos blogs que encontré, me tienen loca. Uno es Going Home to Roost de una chica que es vegana sigo a full con la onda naturista y hace manualidades, es súper estética y tiene ideas que copan. Es un deleite así que visiten. El otro es Detoxinista, una “man” topísima que tiene toda una teoría sobre la combinación de alimentos y también hace comida muy saludable, orgánica y súper fácil. Hay varias recetas que me apunté a hacer. Ya sé, ¡todas son en inglés! Pero bueno che, las fotos están lindas, la mayor parte de las cosas se pueden entender y siempre está nuestro querido Google Translate para todo.

Y de bonus track les dejo algo interesantísimo que leí sobre las 18 cosas que las personas creativas no hacen igual que el resto. Así que si te considerás creativo o estás rodeado de personas así (seguro que sí), te va a venir muy bien.

 

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1 mes se pasa volando

El martes salí puntual del trabajo y caminé con paso rapidito por las calles embarradas y encharcadas de lluvia invernal. Compré papas y limones en la verdulería ambulante que todos los miércoles y viernes se instala en la esquina del departamento del balcón gigante. Ese martes era nuestro primer mes de casados e iba a ser perfecto.

2 horas y media estuve en la mini-cocinita hirviendo papas, licuando salsa a la huancaína, buscando recetas en internet y haciendo mousse de limón. No almorcé. Volví corriendo al trabajo. Por mirar a un señor que siempre me llama desde su casa (no sé quién es), metí el pie en un charco y me embarré la pantorilla. A las seis en punto corrí al departamento a vestirme. La idea era hacerme “la que no me acordaba”. El Penguin llegó y me saludó alegre. Se sentó en la compu. Me fui a la cocinita y empecé a emplatar haciéndome la más Narda a lo pobre. Vi como que no pasaba mucho, cero sorpresa de parte del otro, ningún comentario romántico. “Amor” me dice “¿cómo se llama ese tema que escuchamos en nuestra luna de miel? Lo quiero buscar en Youtube”, “Al vacío, de No te va a gustar”. Suena Al Vacío a todo dar.  Para que entiendan, el estribillo dice:

No quiero más verte pasar,
solo me quiero sentar a esperar y rogar.
Que saltes al vacio y que no vuelvas nunca,
y que toda tu vida te mate la culpa,
de haberme robado una parte del alma. 

Y mi esposo cantandola con todo el sentimiento en nuestro primer aniversario y yo como boluda revolviendo la huancaína. No da. 

Se me saltó la ficha y le dije con voz de histérica contenida “disculpáme, pero no sé si te acordás que hoy hace exactamente un mes que nos casamos. Igual, no importa…preparé una cena en el balcón así que poné la mesa por favor. Y te cuento que pensaba poner un estado en facebook, pero ahora ni pienso.” Lo de facebook lo dije por despechada, lo sé.

“Pero nuestro aniversario es el 19, cuando nos pusimos de novios”, me dice. “Nos casamos el 28, ahora pasa a contar ese día”, “no, yo voy a celebrar el 19”, “bueno, yo voy a celebrarlo el 28. Lo-lamento”, y me di media vuelta con aires de importancia. Seguí cortando el huevo en rodajas. La huancaína parecía un pan amarillo en el tupper. La probé y tenía un sabor ligeramente agrio. No podía ser…el queso fresco se había cortado (ese tipo de queso nunca vi en Argentina, es como una ricota bien prensada y se daña en cuestión de minutos si está fuera de la heladera…SÉPANLO). El plan debía continuar. Acomodé todo en los platos. Puse velas sobre latas para dar un aire romanticón y me fui afuera a continuar con lo estipulado. 

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“Uff…está buenísimo. Tiene un toque…como ácido. ¿Le pusiste vinagre, no?” “Nah…debe ser la salsa”. Él me pone una cara de “no tiene sentido tu respuesta, ¿le pusiste vinagre o no?”. “Cheee, y hablando de vinagre”, le digo “¿qué tal tu día en el trabajo?”.

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Un balcón gigante, una hamaca, un lago propio y la luz de las velas. Cerrar círculos nunca fue más genial.

Con el fin de la huancaína siguió la mousse de limón y el azúcar nos trajo las risas y los recuerdos románticos. “Vas a extrañar este lugar, ¿no?” “No sé…creo que este fue un maravilloso último recuerdo” dije mientras miraba las estrellas balanceándome en la hamaca, como antes. Cerré los ojos y tomé una foto mental, la guardé en el álbum de las cosas placenteras. Sonreí. Esa noche después de dejar la casa del balcón gigante entré a mi facebook y empecé a tipear “Yo me acuerdo de cada sensación, melodía y detalle…de ese nudo en la garganta cuando te vi esperándome al final del salón. Un mes que parece un año. <You know how it is. Sometimes we plan a trip to one place, but something takes us to another>- Rumi”. Le di enter.

 

 

El duelo

Me quedé mirando el techo sin poder dormir, cosa rara en mí. Extrañaba el colchón en el piso, las carcajadas de último momento, el calor insoportable del cuarto, la cortina cosida a mano, las baldosas sueltas del living. A pesar de que mudarnos de casa era un progreso, yo extrañaba ese departamento del balcón enorme. Hice una mueca de dolor al recordar mis noches de solitaria reflexión acostada en la hamaca con mosquitos mordiéndome los tobillos. “No me digás que extrañas el departamento” me dijo el Penguin. “Es que cuando teníamos los colchones chiquititos eramos más felices, nos abrazábamos para entrar los dos”, le dije dramáticamente.

El año que viví sola en Chongón fui inmensamente feliz. Ponerse uno mismo en situaciones extremas (y “lo extremo” para cada uno es diferente) te hace dar cuenta cuán adaptable es el ser humano. Aprendí cómo el no tener tele, ni internet ni radio te enfrentan a pensarte a vos mismo, conversar con vos mismo, y escuchar las voces de todo lo que te rodea; que bañarme con agua fría todos los días era posible con una olla, una latita y un balde; que tocar la puerta de tu vecina de abajo y decirle “necesito alguien con quien hablar” es una frase mágica que abre corazones y tiende lazos. Entendí cuán importante se puede volver una salida de domingo a la ciudad, un abrelatas de regalo, una hamburguesa de Mcplástico para recordar con sana alegría lo que en algún momento fuiste; que para construir un hogar no se requiere más que estar alerta de llenarlo de buenas energías y cubrir las paredes con cajitas de cereal forradas con papel de regalo e individuales baratos; que puedo dibujar en las paredes aunque ya soy grande.  ¿Y cómo querés que no haga puchero cuando estoy saltando a otra etapa?

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La pared me habla

“Penguin, no se trata del lugar ni del colchón ni del balcón sino la actitud que uno lleva al siguiente nivel”, me dice. Y recuerdo que mi casa de soltera es eso, mi búsqueda y que ahora emprendemos una nueva aventura: la nuestra. Y que él también está de duelo.

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Despide a las gallinas con melancolía

 

Todos dejamos algo inferior por alcanzar un objetivo mayor. ¡Y esto es de valientes! Me doy cuenta que cada gran cambio viene con una cuotita de dolor, un duelo que es sano. Para cerrar este círculo decidí hacer algo especial que me resultó 100% efectivo. Les cuento en el próximo post porque esta compilación de reflexiones pseudo psicológicas de año nuevo atrasado me quedó larga.

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