Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

Corviche, este amor nos hace daño

He tomado la decisión de ser una persona saludable. Yo sé, he tomado la misma decisión 9 veces desde que me mudé a Ecuador. Pero con todas las frutas y verduras de excelente calidad en abundancia y lo mal que me hacen los corviches y ceviches cada vez que los como, es una decisión recurrente. Además, desde que me casé tengo 10 kilos de más. Okey, no es desde que me casé, pero es una excusa válida.

El viernes, uno de los compañeros de oficina llegó con “corviches de la esquina” de desayuno. Preparamos café y comimos. Como buena casi-ecuatoriana, partí mi pastelito al medio y justo cuando llegué al centro de pescado lo llené con ensaladita. Esa ensaladita viene en una bolsa plástica rosada y es básicamente rabanito rallado curtido con limón, cilantro y sal. Despide bastante líquido pero igual es rico. El corviche se hace con plátano verde rallado, armado como un buñuelito y frito. Extrañamente tiene un color marrón demasiado oscuro. Lo comí con un gusto ese viernes en la mañana…

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Cc: gringosabroad.com

El viernes en la tarde estaba en el sillón de casa revolcándome del dolor mientras miraba Cupcake Wars. ¡Y qué dolor! Era como si los intestinos se anudaran y desanudaran en el abdomen en una gala bizarra de Bailando por Un Sueño. Terrible.

Decidí escribir un mail a mi mamá contándole de la graciosa experiencia local. Después de tres días mi hermana me respondió en un mail privado “por favor cuidate de los intestinos, porque ahora la mami esta muy preocupada, siempre que le contas que andas con hemorroides se queda preocupada todo el dia, por favor cuidate, no seas tan pelotuda piba, cuidate con la ocmida!!”. A continuación revisé mi gmail y encontré dos mails de mi suegra con el asunto “Sin excusas: ejercicio de 30 segundos” y “10 alimentos comprobados por causar cálculos”.

Cuando estaba en agonía en el sillón gris (mi imagen mental era como cuando la fiebre amarilla invadió los conventillos y yo era una mujer de época infectada), decidí escribir un mensaje de trágico final a mi Penguin: “P. estoy muy mal. Siento que todo me da vueltas. Pero no quiero preocuparte en tu trabajo, estaré bien”. Sentí que con la última línea quedaba gráficamente expresada mi heroica valentía. Me llamó a los tres minutos y vino a casa a los 20, jaja. No me duró mucho la novela. Finalmente con una siestita se me pasó.

En fin, lo importante es que ahora soy una persona saludable. Me da mucha pena que gasté una cantidad indecible en mi última visita al súper. Compré aceite de canola (que supuestamente es más saludable que el vegetal y tres veces más caro), quinoa, arroz inflado, leche de soja/soya en polvo (el horror mismo) y mucha, mucha avena.

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Atrás, foto de unas galletas de avena, manzana y canela que preparé. Yo misma disequé las manzanas en el microondas…aunque creo que no debería haberles puesto tanta manteca. Pero bueno, lo hecho hecho está. Y una dona que trajo un amigo de postre. Tampoco debiera haber comido la dona. En finnnn…lo que importa es el mañana! ¡Y desde mañana soy una persona saludable he dicho!

Nota: hablando de gastar mucho en el súper, con Penguin encontramos una herramienta espectacular para controlar el presupuesto mensual. Si no te querés quedar en la lona, o al menos calcular cuándo hacerlo, hacé click aquí. Está en inglés, si querés traducirlo, esto te puede servir.

Llueven cenizas

Qué semanita Teté. El pueblo suele ser un lugar muy tranquilo, hasta que algo rimbombante ocurre y ahí se armó la novela de las 4 de la tarde. Ya les conté de uno (el encebollado que nunca fue). Ayer fue otro de esos días de telenovela.

4 de la tarde, oficina, día gris y levemente lluvioso. Los 4 compañeros conversando animadamente sobre el tema de todos los días: cómo lograr que pueda respetar la dieta que empiezo todos los lunes.

Suena el celular de Nabil. Del otro lado la voz placenteramente histérica de un bombero voluntario de esos que les encaaaaanta lo que hace y que vive con el walkie talkie en el bolsillo : “¡Oye loco! Hay un incendio en Chongón, ¡han mandado tres unidades! avisa pues loco…”. Al minuto siguiente estábamos los 4 monos noveleros subiéndonos a la camioneta (novelero en guayaquileño es la persona que le encanta todo lo nuevo). No sabíamos dónde era, entonces muy inteligentemente decidimos seguir el humo. Curiosamente venía de…¡mi antigua casa! ¡la del balcón gigante!

Sentí que el corazón se me estrujaba, pensé en si había dejado algo mal conectado, el tanque de gas, si mi vecina Muni estaría ahí. Hice un rezo interior con angustia. Viramos en el parque y nos acercamos para ver una multitud de autos y gente noveleros en el lugar.

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Miro bien y veo que el humo sale de la cuadra de enfrente de mi exdepartamento. Respiro.
Nos bajamos de la camioneta corriendo cual La Ley y el Orden. Camino hacia la entrada de la casa que se quemó y veo un montón de personas. Hacia adentro, en un costadito, los niños llorando desconsolados mientras sotenían una gallina cada uno. Al lado, una señora mayor, flaquita, que se tapaba la cara con las manos para no ver. Otra atrás le sobaba la espalda. Sentí un puntazo de dolor en el hígado con esa escena descorazonadora. En el centro de la calle rodeada de jóvenes, una chica con el brazo quemado mirando con resignación y firmeza su casa en llamas. Fijo la mirada para ver quién era, mi peluquera Angelina, se las mencioné en Con toda la fiesta encima.

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¿Qué querés que te diga? Me sentí horrible. ¿Qué le podés decir a una persona que perdió todo, absolutamente todo? No pude. Otra vez comenzó a chispear, el cielo se quejaba. “¿Estás lista?” me dice uno de mis compañeros. “Sí, un bajón esto…vamos”.

Hoy yendo a comprar al almacén me encontré con la hermana de Angelina sentada en una piedra enorme que hay afuera de la comuna. Tenía un bebé en brazos y sus otros niños corriendo por ahí. Pegamos buena onda con ella, que  ayuda a veces en la peluquería. Me arrodillé a su lado y le dije “lo siento mucho”.Me sonrió con tristeza y me explicó que como la casa era de caña, el fuego se la llevó enterita; “Angelina se quemó cuando entró para sacar el tanque de gas.  Gracias a Dios pudo antes de que lo alcanzar al fuego”. La bebé estaba nerviosa. “¿En qué te puedo ayudar, tenés ropa?”. Me dijo que los vecinos les estaban dando varias donaciones y que ahí se iban repartiendo. “Mañana te traigo algunas cosas de Argentina. Te las dejo en la pelu”. Nos agarramos la mano fuerte y me despidió con un gracias vecina.

¿Qué es lo que te hace vivir?

Hoy tengo mil historias atrasadas que esta ecuatoriana en construcción tiene por contar. Pero, ¿sabés qué? No. Hoy estoy sensible. Y todo gracias a 2 posteos de facebook.

Uno:

El corto de animación ganador de los premios Goya 2014. Lo tienen que ver, es de esas cositas que medio te estrujan el corazón pero que hace falta  ver de vez en cuando; que te hace reflexionar sobre el gran sistema que es la vida y las miles de vidas interconectadas y cómo el cambio de una afecta las otras para siempre. Todo es energía y el sólo caer de una gota genera olas expansivas. Es loquísimo, ¿no?. Aquí se los dejo: Cuerdas.

Dos:

Una chica que conocí en un curso de portugués (esas cosas random que uno hace en la vida) y con quien compartí charlas súper profundas y reflexivas en un bar mientras comíamos papas fritas con el resto de compañeros. Claro que los otros preferían hablar de asesinos en serie y precios de bebidas alcohólicas, pero en fin…publicó la foto con el título “la puta que vale la pena estar vivo” y con una entradita así uno tiene que ver qué sigue:

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A este punto ya tenía un nudo en la garganta que traté de hacérmelo desaparecer con un sorbo de café con leche. Se acaba de despegar un afiche que compré en Buenos Aires sobre “la empanada” y me dio un susto de fruta madre. Me vuelvo a concentrar y agrego momentos que me hacen vivir…un abrazo de mi vieja, un café con Carola, un mate compartido, un acento argentino en tierra extranjera, manitos infantiles que te abrazan, el olor de las tostadas con manteca, ver a mi Penguin llegar, escribir, el olor a bolognesa en el barrio, un beso lento, un día feriado, un acto de valentía, patacones con café de desayuno, una tarde libre con Muni, actos solidarios que te hacen creer de vuelta… 

¿Qué momentos agregarías? ¿Qué es lo que te hace vivir y re-vivir?

1 mes se pasa volando

El martes salí puntual del trabajo y caminé con paso rapidito por las calles embarradas y encharcadas de lluvia invernal. Compré papas y limones en la verdulería ambulante que todos los miércoles y viernes se instala en la esquina del departamento del balcón gigante. Ese martes era nuestro primer mes de casados e iba a ser perfecto.

2 horas y media estuve en la mini-cocinita hirviendo papas, licuando salsa a la huancaína, buscando recetas en internet y haciendo mousse de limón. No almorcé. Volví corriendo al trabajo. Por mirar a un señor que siempre me llama desde su casa (no sé quién es), metí el pie en un charco y me embarré la pantorilla. A las seis en punto corrí al departamento a vestirme. La idea era hacerme “la que no me acordaba”. El Penguin llegó y me saludó alegre. Se sentó en la compu. Me fui a la cocinita y empecé a emplatar haciéndome la más Narda a lo pobre. Vi como que no pasaba mucho, cero sorpresa de parte del otro, ningún comentario romántico. “Amor” me dice “¿cómo se llama ese tema que escuchamos en nuestra luna de miel? Lo quiero buscar en Youtube”, “Al vacío, de No te va a gustar”. Suena Al Vacío a todo dar.  Para que entiendan, el estribillo dice:

No quiero más verte pasar,
solo me quiero sentar a esperar y rogar.
Que saltes al vacio y que no vuelvas nunca,
y que toda tu vida te mate la culpa,
de haberme robado una parte del alma. 

Y mi esposo cantandola con todo el sentimiento en nuestro primer aniversario y yo como boluda revolviendo la huancaína. No da. 

Se me saltó la ficha y le dije con voz de histérica contenida “disculpáme, pero no sé si te acordás que hoy hace exactamente un mes que nos casamos. Igual, no importa…preparé una cena en el balcón así que poné la mesa por favor. Y te cuento que pensaba poner un estado en facebook, pero ahora ni pienso.” Lo de facebook lo dije por despechada, lo sé.

“Pero nuestro aniversario es el 19, cuando nos pusimos de novios”, me dice. “Nos casamos el 28, ahora pasa a contar ese día”, “no, yo voy a celebrar el 19”, “bueno, yo voy a celebrarlo el 28. Lo-lamento”, y me di media vuelta con aires de importancia. Seguí cortando el huevo en rodajas. La huancaína parecía un pan amarillo en el tupper. La probé y tenía un sabor ligeramente agrio. No podía ser…el queso fresco se había cortado (ese tipo de queso nunca vi en Argentina, es como una ricota bien prensada y se daña en cuestión de minutos si está fuera de la heladera…SÉPANLO). El plan debía continuar. Acomodé todo en los platos. Puse velas sobre latas para dar un aire romanticón y me fui afuera a continuar con lo estipulado. 

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“Uff…está buenísimo. Tiene un toque…como ácido. ¿Le pusiste vinagre, no?” “Nah…debe ser la salsa”. Él me pone una cara de “no tiene sentido tu respuesta, ¿le pusiste vinagre o no?”. “Cheee, y hablando de vinagre”, le digo “¿qué tal tu día en el trabajo?”.

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Un balcón gigante, una hamaca, un lago propio y la luz de las velas. Cerrar círculos nunca fue más genial.

Con el fin de la huancaína siguió la mousse de limón y el azúcar nos trajo las risas y los recuerdos románticos. “Vas a extrañar este lugar, ¿no?” “No sé…creo que este fue un maravilloso último recuerdo” dije mientras miraba las estrellas balanceándome en la hamaca, como antes. Cerré los ojos y tomé una foto mental, la guardé en el álbum de las cosas placenteras. Sonreí. Esa noche después de dejar la casa del balcón gigante entré a mi facebook y empecé a tipear “Yo me acuerdo de cada sensación, melodía y detalle…de ese nudo en la garganta cuando te vi esperándome al final del salón. Un mes que parece un año. <You know how it is. Sometimes we plan a trip to one place, but something takes us to another>- Rumi”. Le di enter.

 

 

El duelo

Me quedé mirando el techo sin poder dormir, cosa rara en mí. Extrañaba el colchón en el piso, las carcajadas de último momento, el calor insoportable del cuarto, la cortina cosida a mano, las baldosas sueltas del living. A pesar de que mudarnos de casa era un progreso, yo extrañaba ese departamento del balcón enorme. Hice una mueca de dolor al recordar mis noches de solitaria reflexión acostada en la hamaca con mosquitos mordiéndome los tobillos. “No me digás que extrañas el departamento” me dijo el Penguin. “Es que cuando teníamos los colchones chiquititos eramos más felices, nos abrazábamos para entrar los dos”, le dije dramáticamente.

El año que viví sola en Chongón fui inmensamente feliz. Ponerse uno mismo en situaciones extremas (y “lo extremo” para cada uno es diferente) te hace dar cuenta cuán adaptable es el ser humano. Aprendí cómo el no tener tele, ni internet ni radio te enfrentan a pensarte a vos mismo, conversar con vos mismo, y escuchar las voces de todo lo que te rodea; que bañarme con agua fría todos los días era posible con una olla, una latita y un balde; que tocar la puerta de tu vecina de abajo y decirle “necesito alguien con quien hablar” es una frase mágica que abre corazones y tiende lazos. Entendí cuán importante se puede volver una salida de domingo a la ciudad, un abrelatas de regalo, una hamburguesa de Mcplástico para recordar con sana alegría lo que en algún momento fuiste; que para construir un hogar no se requiere más que estar alerta de llenarlo de buenas energías y cubrir las paredes con cajitas de cereal forradas con papel de regalo e individuales baratos; que puedo dibujar en las paredes aunque ya soy grande.  ¿Y cómo querés que no haga puchero cuando estoy saltando a otra etapa?

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La pared me habla

“Penguin, no se trata del lugar ni del colchón ni del balcón sino la actitud que uno lleva al siguiente nivel”, me dice. Y recuerdo que mi casa de soltera es eso, mi búsqueda y que ahora emprendemos una nueva aventura: la nuestra. Y que él también está de duelo.

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Despide a las gallinas con melancolía

 

Todos dejamos algo inferior por alcanzar un objetivo mayor. ¡Y esto es de valientes! Me doy cuenta que cada gran cambio viene con una cuotita de dolor, un duelo que es sano. Para cerrar este círculo decidí hacer algo especial que me resultó 100% efectivo. Les cuento en el próximo post porque esta compilación de reflexiones pseudo psicológicas de año nuevo atrasado me quedó larga.

Un día en la vida

28 de diciembre, 9 de la mañana. 11 horas para la boda. 

Desperté y era un día magnífico y despejado. Había decidido que todo iba a ir bien. No me iba a poner nerviosa, iba a tener la última cita con mi novio, todo sería…

(Se abre la puerta violentamente) “¡¿Podrías despertarte por favor?! ¡Ya son las once de la mañana y sos la única que está durmiendo!”. “Ya voy mamá, ¿podés salir de mi cuarto por favor?” “Cada día me asombra más tu irresponsabilidad, hasta el día que te vas a casar. Espero que con tu esposo no te despiertes a esta hora”. “Gracias, voy a tomar el consejo”. (Cierra con un portaso).

10 de la mañana. 10 horas para la boda. Gente en la cocina picando decenas de kilos de verdura. El padre gritando al perro. La madre gritando a la hermana. La hermana gritando a la novia. 

13 del mediodía. 7 horas para la boda. Final de la última cita de novios. Caminando por calles Mendoza y San Luis. 

“Amor, ¿te acordás dónde dejamos el auto?” “No amor, no soy de aquí, soy ecuatoriano…” “Sí, ya sé…pero tal vez recordás la esquina. Técnicamente era esta…”

13.25 hs. 6.20 horas para la boda. Caminando por Rioja y Maipú. 

“¿¡Pero cómo que no recuerdas que auto era!? ¡Por Dios, es el auto de tu papá!” “¡Sí me acuerdo, no seás exagerado, ¿querés?! ¡Es un Megane azul! ¡Cortala ya y ponete a buscar!”

14.05 hs. 5.55 hs para la boda. 

Suena el “piuiií” de la alarma del auto. “¡Amor, lo encontré, qué bendición!”. Cara de asesinato. “Eso no es un Megane, es Renault” “Perdóoon… pensá que esto va a ser una linda anécdota”.

18.30 hs. Peluquería del chaboncito fumón. Nido de ratas exótico al costado de la cabeza y mucho spray. 

“Disculpame, ¿es así como debería quedar el peinado?” “Sí bonitaaa (arregla histéricamente el nido erizado) vos me dijiste que querías rulos naturales recogidos. Esos son tus rulos naturales”. Lagrimón psicológico. 

20 hs. Hotel. Mucha base Maybelline para cubrir las marcas ecuatorianas que llevo en la piel. Jarabe de palo a todo dar en el celular y desodorante rolón como micrófono.

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20.15 hs. 45 minutos para la boda. 2 pastillas de Actrón, cinta adhesiva, zapatos dorados de 15 cm de taco y plataforma. Machucón inexplicable hasta el día de hoy, pero muy doloroso. 

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20.30 hs. Se desata la lluvia torrencial. San Juan es un desierto donde nunca llueve pero ese día tenía que llover. La ceremonia al aire libre se cancela y entran todas las sillas mojadas a un salón caluroso. 

Mientras tanto al hotel llega el auto que recoge a la novia. Sube. Conducen con los gotones golpeando el vidrio. Cantan. Lo que tiene que ser será y será como deba ser. Llegan al salón. Le abren la puerta del auto. La cola del vestido se cae a un charco debajo. Se le abalanzan el tío, la madre y la decoradora gritando histéricamente “quedate tranquila, estás hermosa, ¡tranquilizate!”. Sonríe, se ríe “¡estoy tranquila!”. Mira al padre que tiene los ojos vidriosos de un rosa que desalma y le dice “esto es tan gracioso, no podría haber sido mejor”. Se abren las puertas, la gente atestada adentro los aplaude y sonríen. Siente su canción de fondo tocada en violín. Se le estruja el corazón. Mira adelante, y allá en el fondo está él, con la ternura sensible que le sonroja las mejillas. Suspiró y no pudo aguantar las ganas de llorar.  

7 claves para que tu boda sea perfecta

Desde un inicio con mi Penguin queríamos que nuestra boda fuera diferente: sin intercambio de anillos, sin bals, sin torta blanca. Una a una -por presiones del entorno y deseo de nuestros padres- fuimos dejando sutilmente esos deseos porque (y tenganlo muy claro): NO ES TU BODA. Hay otras voces que cuentan tanto como la de los novios a la hora de elegir. ¿Por qué cedemos? Porque un matrimonio no es un evento de una noche, es un camino gradual que se extiende hacia adelante, y en el primer paso tambaleante hay una celebración que después nadie más que vos y esas personas recordarán. No es una unión sólo de dos, sino de un montón de gente que puso su granito de arena para que esos dos llegaran a encontrarse.

, me costó un montón entender la reflexión que acabo de escribir. Así que, como fue una carrera divertidísima la de llegar al altar y será -espero- la única, dejo mis aprendizajes. Algunos consejos los recogí de sabias amigas que ya lo experimentaron y otros los aprendí por experiencia directa. Afirmo que ¡son infalibles!:

1. Da el brazo a torcer: es totalmente difícil que las cosas salgan tal y como las construimos en nuestra excesivamente compleja cabeza. Delegá, dejá que cada uno de los que participan en la boda le de un poco de sí mismo, integren su arte, desde los mozos hasta los músicos. Da un marco de acción general claro y que el resto fluya. Let it be.

2. Dejate sorprender: andá a tu boda como una invitada más que no tiene ni idea de qué va a pasar.

3. Todo lo que ocurra puede convertirse en una anécdota chistosa: de esta forma, todo, incluso lo malo, es potencialmente parte de una entrada de blog para leer mientras estás al dope. Es una forma muy sana de comenzar.

4. El día de la boda no hagás nada de la organización: ya fue, lo que no se hizo no se hará. Ese día tenés que estar radiante de felicidad y el stress es el archienemigo. Así que relajate, reíte de la histeria de tus viejos pre-casamiento, disfrutá la peluquería y el maquillaje, tomate una siesta, ve tele, qué se yo… y si podés, ¡salí de tu casa! generalmente los padres/hermanos suelen estar bastante estresados y es contagioso, believe me.

5. Tomense un tiempo para los dos ese mismo día: los dos o tres días previos son locos. Es fácil olvidar el romanticismo y el verdadero por qué de la cuestión. De repente se pierden la paciencia entre sí (¡a vos no te importa este casamientooo!) y la irritabilidad alcanza niveles elevados. No vale la pena. La mañana de la boda, salgan al centro, entren a un café que les encante, pidanse un par de cortados grandes con condensada, una medialuna con jamón y queso y un carlitos.

6. Comé: me enferman reverendamente las novias que dicen que no pudieron comer durante su casamiento. Si no bajaste de peso hasta ese día, mijita definitivamente no lo harás durante la ceremonia y probablemente no vuelvas a tener acceso a semejante festín de entrada-primer plato-postre-torta y mesa dulce en muuuucho tiempo. Cortenla con eso de que no pude comer, en serio.

7. La música que te hace vibrar: los DJ hacen lo que se les cantan las ganas y todos lo sabemos. Entonces, armá una lista con la música que querés sí o sí.  Yo le dije: “quiero todas las canciones que sonaban en los cumpleaños de 15 de mi época. De ese tiempo en adelante no conozco ninguna, excepto las de Daddy Yanquee”. ¿Sabés lo que es pasar de Gilda al Potro a la Banda XXI? La felicidad no me entraba en los pies.

¡Dejo una herramienta que a mí me salvó la vida y a ustedes también! Está en inglés. Es una lista completísima para organizar todo, creada por el genial Google: la listita mágica.

Todo se resume a que ese día empezás un mundo con el príncipe azul que soñaste en la primaria, al que dibujaste miles de veces en lápiz negro, al lado tuyo con un vestido de novia gigante. Ya lo encontraste, lo demás es puro cuento.

Y aquí estamos de nuevo, más nuevos que nunca

Hoy vuelvo. Sé que me ausenté más de lo que una bloggera debería, considerando sobre todo que este blog inició como una forma de demostrarme a mí misma que puedo ser sistemática para escribir. Así que en algunas horas vuelvo, lo he decidido. De todos modos, esta ausencia podría tomarse como una licencia por matrimonio. Tengo muchas ¡muchísimas! historias que contar. Hasta más tarde.

Solteras por decisión, ¡por decisión, he dicho!

La negra tiene tumbao

Casi había olvidado el sin filtro argentino. Particularmente el de mis padres. Tuve un recordatorio ayer que vino mi cumpa de la infancia, la Srita. F. (le prometí que no pondría su nombre).  Compañeras de colegio y rebeldes sin causa, las dos decíamos que nunca nos íbamos a casar y que queríamos viajar por el mundo y adoptar hijos a lo Angelina Jolie. Nos juntamos a tomar unos mates en casa y después de un par de horas llenas de risas, recuerdos y desvaríos llegaron mis viejos. La escena fue así:

Ella y yo sentadas en el living en la esquina de una mesa rectangular de madera. 

Primer acto: ingresa mi vieja. “Srita Efeeee! ¡Qué gusto verteeee, tanto tiempo! ¡Estás hermosa guacha! Cómo está tu novio?” Mi amiga, con la sonrisa contraída “no tengo novio, me peleé”. “Ah…perdoname, no sabía. ¿Entonces con quién vas al casamiento?”  “No sé…o sea, voy a ir sola. Pero aclaro que si estoy sola es por decisión, no porque nadie quiera andar conmigo, no señor. Yo decidí estar sola, me entendés? O sea, no es que me afecte ni nada. Me encanta ir sola. Me parece copado” “No, sí, obvio que sí, vos siempre fuiste muy independiente”.”Sí, gracias Mari. Tu hija me abandonó en nuestra soltería orgullosa pero yo sigo firme, eh?” Se ríen ambas. Mi mamá: “y contame, ¿cómo está tu abuelita? tan linda ella, siempre la recuerdo”. “Bueno, en realidad…ella falleció hace 5 meses”.

Gente, tuve que intervenir. TUVE QUE. “Vieja, ¿no tenés que ir a hacer algo? Incomodísima esta charla”. Nos reímos las tres y salió. Se vuelve a abrir la puerta del garage y entra mi papá, nos ve sentadas y, por alguna razón que no comprendimos, entra literalmente cantando el saludo:

Segundo acto: “Señoritaaa…tan boni-ta! tan chiquitá! señoritá! nos visitá! la florcitá!” “Hoooola, qué gusto verte, siempre tan alegre!” ¡Qué alegría tenerte después de tanto tiempo! ¿cómo estás? ¿así que ya te recibiste? ¡felicitaciones!” “Eh…no, todavía me faltan un par de materias. Se me complicó un cacho. Pero en realidad estoy re cerca, no me queda nada”.  “Ah… si, a mi hija también le pasó, es común, y mirá que ella ni trabajaba…” Le dirijo una mirada llena de lanzas espaciales a mi viejo. Él continúa, sin sentirse intimidado en lo más mínimo “Y me contaron que estás trabajando muy bien bailando en Caminito. ¡Se hace buena guita ahí, tenés que seguir firme, y con tu talento…uff!” “Sí… igual ahora dejé. Estoy por estudiar maestra jardinera”. “Ah, claro..”

“Oh Dios, ¿cuándo termina esto?” pensé.

Mi viejo se retira de la escena y entra mi novio. Respiro con tranquilidad.

Tercer acto: “Hola” “Hola, mucho gusto”, se saludan por primera vez. “Ella es mi gran amiga del cole”, intervengo. “¡Ah, qué bien! ¿Vos sos la que va a bailar tango en la boda?” “No, no voy a bailar tango”. “Una milonguita?” “No, tampoco… y si me estás por preguntar, mi novio no va a ir, me peleé así que no tengo pareja de baile”. “Ah, bueno…”

¿¡?!

Así es señores, como lo han leído. Después seguimos charlando y quedó en puras risas las tres escenas de verborragia sincericida.

Antes de despedirse, la Srita. F. me dice súper animada “¿Adiviná qué? ¡Ya encontré pareja de baile para el casamiento! Mirá, le estoy mandando un sms ahora”. Me lee el mensaje “Hola Gus, soy F., ¿serías mi pareja de baile el próximo sábado?”. Suena el ringtone, Gus acababa de responder. Ella animadísima por la pronta respuesta me lee en voz alta “Hola, ¡sí, me encantaría! pero, disculpame, ¿quién sos?”.

Todo lo bueno …

Todo lo bueno en la vida nace de un salto al vacío / Alan Moore

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