Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

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All you need is…un pie persistente y una batería imaginaria.

...Paul en Quito.

…Paul en Quito.

El estadio rugía. La gente entraba por cientos a cada recoveco, tribuna, silla, espacio. Yo estaba atrás, al otro extremo del escenario. Caminamos buscando un mejor lugar pero parecía que nada iba a funcionar, nada, ni siquiera los tacos de 6 centímetros que me puse. Divisé un revestimiento plástico que cubría unos cables…tan alto como el borde de una acequia (¿es demasiado sanjuanina esta aclaración?) pero para que se entienda, era una subidita de unos 4 cm donde, por supuesto, ya las personas se habían sentado celosamente reclamando cada centímetro. Me ubiqué detrás de un chico en sus veintes y un veterano. Los dos sentados en el piso, dándome la espalda.  Ni se movieron, ni me miraron. Metí un pie entre los dos.

7 de la tarde. El concierto comenzaría a las 9. Los hombres se dieron cuenta de mi maniobra: estaba intentando colarme. “Oh no señores, no moveré el piecito. El piecito no me lo toquen” pensé. Ellos se juntaron más, pegados hombro con hombro. Y yo no moví el pie, se los juro, mi pie estaba prácticamente entre poto y poto.

8.40. “¡Nos vamos más atrás, no vemos nadaaaaa!” me dicen mis compañeros. “Deleeen…no hay dramaaaa.Yo me quedo” nos dijimos a los gritos. Los tipos de adelante hicieron un ruido que no entendí. El piecito seguía en el mismo lugar, entumecido.

8.55. Una chica con su novio, como quien no quiere la cosa, se ponen al lado mío. Apoyan sus puntas de pie en la subida. El veterano se da cuenta y se pone de pie. Medía como 2  metros. La chica me mira y me dice “¡no voy a ver nada!” y se va. El veinteañero también se para y ya no veo nada. Pienso que ya perdí mis amigos y mi pie había sufrido bastante como para abandonar.

9.03. Se apagan las luces. Silencio total. 37.000 personas con el corazón en la boca. Se prenden las luces azules y blancas del escenario y aparece él, alto, hermoso, con su guitarra y nos saluda. “¡Hooola KHI-TÓH!” dice en media lengua.

WOHOOOOOOOOOOOOOOOO! gritaron los 37.000 al unísono, eléctricos. WOHOOOOOOOOOOOO! grité yo desenfrenada con los brazos arriba y las lágrimas en los ojos. Era el momento: di un salto adelante y me subí al cordón entre chico y señor. Empecé a menear los hombros (lo sé, no pude pensar en otra cosa) y me hicieron espacio para poder hacer el “shake espontáneo”. Me apretujaron, sí, pero no iba a ceder el terreno ganado. Quedé con los hombros para atrás, perdía el equilibrio a ratos pero Señor…cuando sonó Eight Days a Week no pudieron ganarme…me puse a bailar el boogie sacudiendo las botas y moviendo las manos de arriba abajo, como histérica, como una loca, gritando “Uuuuh I need your love babe!” y me hicieron espacio.

Después de una hora y media de show sin parar el amor por la historia, la música, la vivencia de cada uno al sentir los temas de los Beatles nos ganó la antipatía. Paul se sienta al piano y ya vemos lo que se viene. Nos mordemos el labio. Y suena ese inicio único de Let it Be. “Disculpa, pero tengo que abrazarte” me dice el chico mientras veo que sus amigos en la hilera de la subida están abrazados. “Sí, no hay drama”, le digo. Eramos 5 locos desconocidos, abrazados, llorando y cantando a todo pulmón, señalando al aire, con la lluvia nocturna que nos empapaba. “¿Quieres paraguas?” me grita uno. “No flaco, tengo el ponchito plástico pero re corta la onda, sigamos cantando”. Y seguimos.

Después llegó Live and Let Die. La gente de todas las edades gritaba como loca. El chico al lado mío parece sostener una guitarra imaginaria y empieza a tocar los acordes con la cara estrujada y las rodillas dobladas, el de su izquierda toca un bajo y yo, ni lenta ni perezosa, empecé a tocar la batería. A todo pulmón. Por ahí me desconcentraba y empezaba a tocar el órgano porque en la pantalla gigante enfocaban al tecladista. De repente salen unas bolas de fuego del escenario y nos quedamos todos estáticos, uno con el bajo, el otro con la guitarra y yo en una mano con la baqueta y en la otra con el piano. Salen fuegos artificiales por todos lados y el sonido eléctrico de la canción que penetraba el estadio. EL LUGAR EXPLOTÓ. Explotó de energía, de gritos, de música, de Beatles, de Paul, de todo. No puedo explicarlo mejor, porque fue mitad sueño y mitad realidad. Esas cosas que uno vive y no termina de caer.

La lluvia nos acompañó hasta el final y McCartney nos regaló varios “últimos temas”. Terminamos al son del melancólico “All you need is love” con un nudo en la garganta.

…Paul en Quito.

 

La pucha que estábamos agradecidos. Qué momento, qué unico.”Chuta, ya me puedo morir tranquilo” me dice el flaco de al lado con la mirada perdida. Sonrío. “Perdón por colarme” le dije. Me puse el ponchito plástico y y me dirigí a la salida atestada.

 

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Playback en el asiento trasero, otra vez.

“Hoy nos vamos a Quevedo”, me dijo el Penguin alegre el sábado temprano. “Ehhh…estoy un poco ocupadita, tengo un par de cosas que hacer, ir al Mall del Sol a buscar unas cosas y bueno, cosas…”. Terminé sentada en el asiento trasero con él, un economista, mis suegros y el dvd de José Luis Perales. Otra vez. Una y otra vez.

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Al final Quevedo no es tan aburrido como pensé, fui injusta. De hecho, han abierto el primer centro comercial donde me compré una falda en descuento yyy…lo más hermoso es que después fuimos a la finca del economista. En la entrada nos esperaban 4 señoras (tías me imagino) vestidas con sus mejores vestidos, alegres y con una jarra de jugo de naranja, increíble. Dios mío, qué grandeza de tierra que tiene el Ecuador.

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The economist.

Por el camino pedroso veíamos las casitas sobre los cerros llenos de palmeras, cacaoteros, árboles de naranjas dulcícimas, árboles de jazmines que despedían un aroma tan dulce y tan fuerte que te obligaba a cerrar los ojos y disfrutar.

 

Huele a perfume. Cierra los ojos y se inmoviliza.

Huele a perfume. Cierra los ojos y se inmoviliza.

No hay palabras: donde cae una gota de lluvia crece una planta en esta tierra. Es la manifestación de la generosidad misma.

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La pepa de oro: cacao en estado puro.

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Alguien estuvo por aquí.

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Al azar: como el viaje era de dos horas el cd de Perales se repitió 5 veces aproximadamente. Hay un tema con el que aprendí a hacer el playback, se llama Dime (escúchenlo). La parte final donde cantan los pibes “dime, ¿por que la gente no sonríe? / ¿por que las armas en las manos? /¿por qué los hombres malheridos?” y al final se mete José Luis otra vez con un “dime” final…¿no les parece comiquísimo? jajaja, nada que ver, no podía parar de reír. No sé si era la cantidad de veces o si en verdad es nada que ver. Ahí me dicen.

 

 

Yei Yei y Farallón Dillon

Domingo. Viaje Laboral; no mío, de mi suegro. Entuasiasmo – O…Me trepé en el asiento trasero del auto con un cuaderno, una lapicera y una cara de pocos amigos. Me acosté en el asiento, enmudecida. “¿Porquéeeeeeee no tengo mp3, porquéeeeee?” pensé. De repente, para aumentar mi descontento…el dvd. El DVD! De José José. ¿Quién joraca es José José? ¿Y por qué se llama José José? ¿No podía ser simplemente José, o José J., o J.J (tipo yei yei)? Yo nunca lo había escuchado hasta que llegué aquí. Lo conocí en los viajecitos de fin de semana con mis suegros, donde no importa cuántas horas pasamos en la ruta, las 12 canciones se repiten incesantemente. Pasé de desconocerlo, a odiarlo, a reírme de los videos, a agradarme. Sí señores, me está agrandando. El tema es que me acosté en el asiento trasero y me puse el cuadernito de almohada. Empezó la primer canción del dvd y sentí esa punzada que te da cuando conocés el tema. Y sonreí. Sonreí con

…el tema es que por muy tétrico que me pareció ver esos peinados setentosos, el escenario viejo, y la baladita trágica del inicio, verlo ahí al chaboncito tan sencillo cantando esa canción con los tonos largos te termina poniendo triste. Y la gente que lo aplaude como loca porque les transmitió un sentimiento que todos conocemos bien: la soledad del desamor. La gente está conmovida. Y a mí me conmovió. Cuando dice “hoy quiero saborear mi dolor” “qué triste, todos dicen que sólo hablo de tí…no saben que pensando en tu amor, en tu amor…he podido ayudarme a vivir, he podidoooo ayudarme a viviiiiiir aaaaaa-aaaaaay ooooo-ooo-ooooh”. Che, veanlo en serio. Tal vez si lo vés una sola vez  no da. Hay que verlo como 5 veces y vas a terminar como yo, tirada en el asiento trasero sosteniendo un micrófono imaginario y cerrando los ojos con fuerza mientras hacés el playback exagerado del estribillo. O escuchándolo mientras escribís un post. Después del derroche de tristeza siguió “Cuidado” que es mi favorita para interpretar.

Suelo interpretarla apuntando al techo con los ojos entornados mientras canto la parte de “cuidado…muuuucho cui-da-do”. Y antes de pasar a otro tema, no puedo dejar de decir que hay un video que me parece muy chistoso de José José (o Yei Yei como decidí llamarle porque me molesta la repetición) en que él está enamorado de una mujer que no sabe comer espaghetti. Se llama “Más” pero no encontré el video.

Después de este despliegue cuento que el viaje terminó súper bien porque comimos. Y cuando hay comida, todo es más lindo. Fuimos a la Hostería Farallón Dillon y no puedo dejar de recomendarla. Es uno de los lugares más interesantes que he conocido aquí. Está en Ballenita (www.farallondillon.com) y está ubicado en un lugar tranquilísimo con una vista al mar alucinante. La hostería está ambientada de una manera muy creativa con elementos de los barcos: las ventanas redonditas, los faroles inmensos, imágenes de sirenas, en las mesas están ubicadas las tazas enormes de acero de los marineros como servilleteros, y unos varios etcéteras.

La vista de la hostería desde la entrada

Comer y ver esto, es un lujo.

¡Oh! miren con qué me encontré.

La sirena tenebrosamente bella

En la entrada un faro, un marinero y un cartel de madera oscura que reza “Océano, eres tú a quien todo vuelve”

Nosotros sólo fuimos a comer, pero pienso ir a la hostería un día de estos. La comida es espectacular, porque ofrecen comida de mar con un toque gourmet que no es muy común aquí. Los precios son moderados (oscilan entre los U$D 10 y U$S25). Yo pedí una posta de pez espada con papas fritas y pie de maracuyá de postre pero infelizmente no llegó a la foto.

Remember : pez espada.

Como verán, de la dieta no hay noticias. Buen lunes!

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