Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

Casi un mini Buda

Después de estos breves (y profundamente eternos) 5 meses puedo decir que no ha sido fácil…la maternidad, digo. Ahora estoy en Argentina, disfrutando de mis últimos días de mimoseo con los viejos, de cafés con condensada, olor a pucho en todos lados y mucho mucho estudio en biblioteca. Hace un par de días, en una cena de amigas, salió el tema del blog. “¡Ponete pilas y escribí algo!”, me dijeron mientras nos contábamos las aventuras y desventuras de nuestros matrimonios en proceso y maternidades en construcción. Yo, que me he convertido en la mujer con la teta colgante que la ranita se ha empeñado en dejar al descubierto en cada lugar al que vamos, me animé.

“Yo me siento incomprendida por mi esposo” dijo Meli, tocándose el pecho y con el chinito llorisqueando, colgando de las caderas mientras hacía brrrrrrr-brrrrrr-am…brrrrrr pasadísimo de sueño a la 1.30 de la mañana. “Amor, te amo. Pero a veces estaría bueno que los tengás dos minutos mientras puedo ir al baño tranquila. No se puede con un pibe en el andador gritando en la cocina y con el otro que me abre la puerta y me pregunta ‘mamá, mamá…estás haciendo caca o pichí?'”. Él relajado respondió “pero a uno dejalo en la cocina, al otro le das la tablet y problema resuelto…no es tan difícil”. “¡No se puede!” gritamos ella y yo al unísono.

Yo metí mi cucharita: “el Penguin es un amor. Un super papá y esposo. Un súper amigo (y toda la parte chupamedias que solemos hacer). Pero seamos honestos…nosotras las controladoras no podemos soltar ese sentimiento de que siempre podríamos hacerlo mejor. Recuerdo cuando…

La ranita, 1 mes de nacido. Día de semana, 19.30 hs. 

Aclaración: los bebés aún no pueden sostener la cabeza, ni la espalda, ni nada…son como una bolsita suave y chillona con mini brazos y piernas.

Yo cocinando la cena, tres hornallas prendidas, lavando la verdura, enjuagando los platos del almuerzo, picando chocolate a escondidas para aguantar la ansiedad de un almuerzo inexistente y un desayuno a las corridas.

Ranita en el living llorando histéricamente. Histéricamente. Histéricamente.

Histéricamente.

Penguin en el living. Se sienta en el sillón. Siento la voz del narrador del partido. Oigo el “piiiiiiiiiiiiiip” del aire acondicionado que se prende. Siento el shikishikishik de la bolsa de nachos que se abre.

Ranita se calla. Toma aire y comienza otra vez con el weeeeEEEEEEEEEeeee. La composición perfecta entre los gritos de Ranita y la vociferación del narrador y shikishiki de la bolsa para limarme los nervios.

“¡¿Amor?!” grito desde la cocina tratando de superar el volumen de Ranita. “¡¿Amorcito?°” Tono histérico contenido…asesina potencial en proceso…”mi vida, ¡¿me escuchás?!” “¿Sí amor?” me responde él con una concentración admirable en el partido . “¿¿Podés cargarlo al gordo?? No lo podemos dejar llorar porque se estresa y a las neuronas les pasa algo que leí en Facebook. Te lo compartí y te etiqueté pero parece que no lo leíste. ¿Lo podés levantar? O hacé algo, no sé, jugá, mecelo… algo”. “Sí, perdón”, me dice. A continuación, silencio. Ranita dejó de llorar.

Pasa 1 minuto y aún no llora. Silencio. Pasa otro minuto.

Pasan 6 minutos y no llora. Algo no está bien, tengo que intervenir. Me asomo por la cocina lentamente. Con miedo, con esperanza. Me pego a la pared y lentamente saco mi cabeza.

La imagen que vi no la olvidaré jamás.

Él, mi creativo Penguin, sentado en la misma exacta posición (en el sillón con las piernas cruzadas arriba de la mesita ratona) sosteniendo algo en su pierna, mirando el partido de Emelec. Algo que pretendía estar sentado pero no -reitero, con 1 mes todavía no se puede sostener ni cabeza, ni cuello ni nada-, una bolita vestida en pijama a rayas azules  totalmente inerte con la cabeza pelada colgando para abajo igual que las piernas y brazos, en shock. Mi cara se desfiguró ante la escena. El horror, el horror. Antes de que yo me abalance cual pantera furiosa él me sonríe con alegría y finaliza “mira amor lo que descubrí: lo puse en la misma posición del Buda como lo puso el pediatra. Parece que le gusta porque se quedó tranqui”.

IMG-20150717-WA0006

Anuncios

Volveré ¡y seré millones!…bueno, no tantos.

¡Qué horror! ¡Qué irresponsabilidad de blogera!

Pero aquí estamos de vuelta, después de una intento loco entre tratar -no sé qué tan eficazmente- de manejar estudios, trabajo, familia, casa, una mente muy acomplejada, actividades comunitarias, vida espiritual y…una ranita en camino!.

En cualquier momento de las próximas dos semanas el nuevo personaje del blog hará aparición (cualquier momento…¡miedo!) y probablemente se convertirá en el centro de muchos de mis posteos. Espero no volverme una babosa y que me lo hagan saber si así pasa. Mientras tanto, seguimos con las historias. ¡Bienvenidos de vuelta!

Qué top, ellos haciéndose los modelos.

Qué top, ellos haciéndose los modelos.

Ella es intensa los miércoles

Estaba tratando de vivir de viernes en viernes, odiando los lunes, omitiendo mentalmente los martes-miércoles, feliz de que llegara el jueves porque está al lado del viernes.

Harta, cansada, frustrada y sensible. Tenía demasiados mails que enviar, demasiadas reuniones a las que asistir, demasiados apuntes de materias que estudiar, materias que no comprendía y que no le interesaban pero todos necesitan un título y ella lo quería aunque estaba demasiado lejano.

Ese miércoles la reunión laboral había sido larga y eso le pesaba junto con todo lo anterior. Alguien la deja a mitad de camino con una mochila pesadísima que cargar. “¿Te quedas aquí?” “Sí, gracias”. Cargó la mochila y llamó al Penguin. “¿Podrías buscarme?” Llegó el autito azul, arribaron a la puerta de casa, abrió el armatoste ruidoso y se encontró con todo cubierto por una espesa capa de polvo. “Los albañiles trabajaron full, mañana vuelven” le dice él sin preocuparse. “Te preparé un rico pescado”. Ella aún perpleja le interrumpe mirando el sofá lleno de tierra “¿no…pensaste…en cubrir el sofá? ¿o la tele?”. Sin esperar respuesta subió las escaleras sintiendo el polvo entrándole por los dedos y la nariz. Entró al cuarto para ver toda la ropa y las carteras y las almohadas sucias. Se acostó boca arriba. Miró el techo. Frunció la cara tanto que dolía. Cerró los ojos.

Y lloró.

Lloró con angustia lágrimas hervidas que le caían por los cachetes.

Bajó las escaleras rapidito y se preparó un té que sólo eran hojas de menta con agua hervida. Lo miró a él que no comprendía lo que estaba pasando. “No puedo estar acá, tengo que salir” “¿a dónde?” y con un aire de liberación profunda le clavó los ojos miel y le dijo con una seguridad intensa “a la mierda”. Se dio media vuelta con la taza con menta flotando, el rimel corrido, los rulos despeinados y el polvo pegado en las pantorrillas y se fue.

En la calle miró un sol anaranjado que se estaba escondiendo mientras el nudo de la garganta se sentía menos doloroso. Cerró los ojos. Respiró. Se quemó la panza por cerrar los ojos.

Respiró una hora y decidió volver a la casa llena de polvo y al pescado que había sido hecho con amor.

A la vuelta miró su celular y encontró el mensaje de Flor que decía “¿cuando vas a escribir el nuevo post? Estoy cansada de entrar y no ver nada”. Le respondió “justo ahora estoy teniendo una crisis nerviosa. Así que seguro mañana”.

¡Sigaaaa, siga dije!

Me miró de reojo sin importancia. Yo estaba entusiasmada, me apuré en sacar mi cámara de fotos. A medida que nos acercábamos pude ver sus ojos café vivo y las pestañas chiquitas y lacias que lo envolvían. Me clavó la mirada y el entusiasmo se me derritió como hielo en verano sanjuanino. Quedé petrificada, llena de pánico. Dejé de caminar, tomé la foto rápido y cerré los ojos apretados.

Todo ese día el sueño y la desgana se habían apoderado de la rutina. El desayuno de pan integral, la fruta de media mañana, las horas de oficina, el almuerzo desabrido, todo parecía decolorado. A la hora de salida tomé el paraguas rosa fucsia que compré pensando que era bordó, el bolso de computadora, los libros, la carterita roja y la bolsa con los tupper del almuerzo. Todo pesaba mil kilos y el sol me ardía en el cuello. Había una brisa suave que me hacía volar el vestido largo. Decidí abrir el paraguas y seguí por las calles llenas de polvo y hierba y autos que pasaban y tocaban la bocina. A mitad de camino se detiene una camioneta destartalada a mi lado, llena de mujeres adentro. Me dicen “suba hermana, vamos al mismo lado”. “Gracias” le dije sonriendo, y me abrieron la puerta. Después de tres segundos me di cuenta de que estaba dejando pasar un punto importante: no tenía idea de quiénes eran. En un arrebato de sinceridad le dije a la señora de la ventanilla “perdón pero ¿quién es usted?” a lo que sonriendo todas me respondieron “hermana, ¿acaso usted no es testigo de Jehová?”. Solté una risotada burda y haciendo uso de la ironía argentina que aquí, por experiencia, no es aplicable dije “hermana mía, no todas las que usamos falda y paraguas lo somos”. Me miraron serias. Silencio incómodo. Un pajarito chillaba histérico. Un grillo empezó a cantar. “Gracias, mejor otro día. Es que todavía no soy testigo…de Jehová digo. O sea, sí leo la revista a veces pero ahora no. Gracias de todos modos”. Y seguí caminando a paso rápido. La camionetita aceleró sin ninguna mano saludando.

Por suerte ya podía visualizar la entrada de nuestra ciudadela. Al fin estaba a solo 20 pasos de casa, de la tele, del sillón, del Penguin, de la comida de verdad. Y justo en la entrada, pasando lentamente, ellas.

20140530_161836

Sonreí. Estas cosas son tan únicamente de pueblo. Dije “esto tengo que contarlo en el blog”. Seguí caminando para acercármeles, busqué la carterita roja e intenté abrir el cierre. Levanté la mirada y de repente me encontré en el centro de la manada de vacas, enormes, caminando al lado mío lentamente y haciendo temblar el piso. La primera me rozó el brazo…Me miró de reojo sin importancia. Yo estaba entusiasmada, me apuré en sacar mi cámara de fotos. Pude ver sus ojos café vivo y las pestañas chiquitas y lacias que lo envolvían. Me clavó la mirada y el entusiasmo se me derritió como hielo en verano sanjuanino. Quedé petrificada, llena de pánico. Dejé de caminar, tomé la foto rápida y cerré los ojos apretados. Ellas, tan lentas, parecían disfrutar de mi temor. Pasaban una a una rozándome y sentí que en ese momento podrían patearme. ¿O eso solo lo hacen los caballos?, en fin, no importa. Alguien gritaba, un hombre, desde enfrente “¡Sigaaaa! ¡Sigaaaaaaaaaa!”. Desperté de mi sopor. Abrí los ojos y lo miré. Llevaba en la mano un machete en alto y un delantal blanco. “¡Siiiiii!” le grité yo y seguí caminando contra ellas. Fueron pasos eternos.

Cuando finalmente salí del túnel de vacas todavía podía sentir al tipo gritando “¡Sigaaaaa! ¡siga dije!”. Me di vuelta airosa de la azaña ganada, levanté bien en alto el paraguas rosa fucsia y le grité “¡ESTOY BIEN, no se preocupe!”. El hombre, que continuaba con el machete en alto, giró la cabeza y me miró. Sorpresivamente me di cuenta que no me hablaba a mí. “¡Yo estoy guiando a las vacas!” me gritó.

Con la risa histérica en las mejillas y con la vergüenza que me hacía temblar las rodillas entré a la ciudadela y llegué a casa al fin. Abrí la puerta y lo veo al Penguin sentado en el sillón mirando fútbol. Me mira con una sonrisota y antes de hablar lo paro secamente: “¿honestamente, pensás que me visto como Testigo de Jehová?”

 

Remar los años en mi cumpleaños

 

Imagen

Restos de torta, café caliente y tiempo de volver

Antes de leer, hacé click aquí y volvé.

<Estas preciosas ilusiones en mi cabeza
no me abandonaron cuando estuve indefensa
y separarse de ellas
es como separarse de los mejores amigos invisibles> – Alanis Morissette, Precious Illusions

Hace dos días que vengo dándole vueltas a este posteo. El día de publicación era justo el martes de mi cumpleaños y quería que fuera algo copado, positivo, energético…bueno, festivo. Ojalá pudiera decir que no tuve tiempo, que estuve ocupadísima para publicar, pero no: no tuve palabras.

Cuando era una niña el año se volvía un sin fin de días tan largos, tan interminables que sólo las fechas de navidad, día del niño, reyes magos y mi cumpleaños eran esos edenes placenteros para los que contaba los días. Una mamá que se pasaba la tarde cocinando pizzetas y empanadas, los compañeros que llegaban a la casa a meterse por todos lados y ensuciar los cuartos con caramelo chupado, los kits de regalo con utensilios de doctora, princesa, veterinaria o simplemente de mujer grande donde podía ser lo que quisiera, lo que soñara que sería en el futuro. Esos días eran, realmente, la plenitud.

Con el tiempo te empezás a dar cuenta de otras cosas, que el año es muy corto en realidad, que pasa pronto y que ocurren miles de miles de cambios cada día. La navidad, los reyes, el día del niño ya no tienen casi ninguna diferencia con el resto. Y de repente llega tu cumpleaños, ese día que te recuerda el pasado, a tu vieja cocinando como loca, al café que te hubieras tomado con tu mejor amiga, al insoportable “que los cumplas feeeliz, que los cumplas feeeeeliz” en que nunca sabés cómo actuar y cuya ausencia te dice que ya sos esa mujer grande que alguna vez anhelaste. Sin tanta chuchería, un poco destartalada, con una melancolía a cuestas, pero sos.

Hay días que son naufragios, otros son mares en calma y nosotros remadores con una balsa a cuestas, toda una vida para conocer las aguas, tratarlas con respeto, dejarnos impulsar por el viento, escuchar los sonidos de sabiduría, respirar, llegar a un lugar: tener un propósito que trascienda. ¿A dónde vas? ¿Hacia dónde estás llevando tu balsa?. Feliz cumpleaños.

Este año sólo tuve un deseo, pintarme las uñas. Y lo hice de un rojo pasión. Supongo que la vida en el pueblo muchas veces te quita la galantería que una vez cargaste como periodista que sabe que cada detalle cuenta.Ya se está resquebrajando y decolorando pero ese día anduve con mis uñas furiosas, y me sentí bien. Porque confiás que la melancolía se va a ir, viene y se va como oleadas. Y te abrazás a los remos y seguís y seguís y seguís, empujada por lo invisible con el corazón que te tiñe las uñas de rojo, con manos guerreras, con la espalda arqueada, dejando todo porque, a fin de cuentas, para eso nos echaron a la mar: para llegar. Y ese lugar está más cerca que todo y más lejos que todo. Hasta que lo encontremos, mientras tanto seguimos remando.

¿Será que el hombre es eso? ¿Esa batalla? – Mario Benedetti, Esa Batalla.

Imagen

Cc. Luca art (flickr.com/photos/lucaart/)

 

All you need is…un pie persistente y una batería imaginaria.

...Paul en Quito.

…Paul en Quito.

El estadio rugía. La gente entraba por cientos a cada recoveco, tribuna, silla, espacio. Yo estaba atrás, al otro extremo del escenario. Caminamos buscando un mejor lugar pero parecía que nada iba a funcionar, nada, ni siquiera los tacos de 6 centímetros que me puse. Divisé un revestimiento plástico que cubría unos cables…tan alto como el borde de una acequia (¿es demasiado sanjuanina esta aclaración?) pero para que se entienda, era una subidita de unos 4 cm donde, por supuesto, ya las personas se habían sentado celosamente reclamando cada centímetro. Me ubiqué detrás de un chico en sus veintes y un veterano. Los dos sentados en el piso, dándome la espalda.  Ni se movieron, ni me miraron. Metí un pie entre los dos.

7 de la tarde. El concierto comenzaría a las 9. Los hombres se dieron cuenta de mi maniobra: estaba intentando colarme. “Oh no señores, no moveré el piecito. El piecito no me lo toquen” pensé. Ellos se juntaron más, pegados hombro con hombro. Y yo no moví el pie, se los juro, mi pie estaba prácticamente entre poto y poto.

8.40. “¡Nos vamos más atrás, no vemos nadaaaaa!” me dicen mis compañeros. “Deleeen…no hay dramaaaa.Yo me quedo” nos dijimos a los gritos. Los tipos de adelante hicieron un ruido que no entendí. El piecito seguía en el mismo lugar, entumecido.

8.55. Una chica con su novio, como quien no quiere la cosa, se ponen al lado mío. Apoyan sus puntas de pie en la subida. El veterano se da cuenta y se pone de pie. Medía como 2  metros. La chica me mira y me dice “¡no voy a ver nada!” y se va. El veinteañero también se para y ya no veo nada. Pienso que ya perdí mis amigos y mi pie había sufrido bastante como para abandonar.

9.03. Se apagan las luces. Silencio total. 37.000 personas con el corazón en la boca. Se prenden las luces azules y blancas del escenario y aparece él, alto, hermoso, con su guitarra y nos saluda. “¡Hooola KHI-TÓH!” dice en media lengua.

WOHOOOOOOOOOOOOOOOO! gritaron los 37.000 al unísono, eléctricos. WOHOOOOOOOOOOOO! grité yo desenfrenada con los brazos arriba y las lágrimas en los ojos. Era el momento: di un salto adelante y me subí al cordón entre chico y señor. Empecé a menear los hombros (lo sé, no pude pensar en otra cosa) y me hicieron espacio para poder hacer el “shake espontáneo”. Me apretujaron, sí, pero no iba a ceder el terreno ganado. Quedé con los hombros para atrás, perdía el equilibrio a ratos pero Señor…cuando sonó Eight Days a Week no pudieron ganarme…me puse a bailar el boogie sacudiendo las botas y moviendo las manos de arriba abajo, como histérica, como una loca, gritando “Uuuuh I need your love babe!” y me hicieron espacio.

Después de una hora y media de show sin parar el amor por la historia, la música, la vivencia de cada uno al sentir los temas de los Beatles nos ganó la antipatía. Paul se sienta al piano y ya vemos lo que se viene. Nos mordemos el labio. Y suena ese inicio único de Let it Be. “Disculpa, pero tengo que abrazarte” me dice el chico mientras veo que sus amigos en la hilera de la subida están abrazados. “Sí, no hay drama”, le digo. Eramos 5 locos desconocidos, abrazados, llorando y cantando a todo pulmón, señalando al aire, con la lluvia nocturna que nos empapaba. “¿Quieres paraguas?” me grita uno. “No flaco, tengo el ponchito plástico pero re corta la onda, sigamos cantando”. Y seguimos.

Después llegó Live and Let Die. La gente de todas las edades gritaba como loca. El chico al lado mío parece sostener una guitarra imaginaria y empieza a tocar los acordes con la cara estrujada y las rodillas dobladas, el de su izquierda toca un bajo y yo, ni lenta ni perezosa, empecé a tocar la batería. A todo pulmón. Por ahí me desconcentraba y empezaba a tocar el órgano porque en la pantalla gigante enfocaban al tecladista. De repente salen unas bolas de fuego del escenario y nos quedamos todos estáticos, uno con el bajo, el otro con la guitarra y yo en una mano con la baqueta y en la otra con el piano. Salen fuegos artificiales por todos lados y el sonido eléctrico de la canción que penetraba el estadio. EL LUGAR EXPLOTÓ. Explotó de energía, de gritos, de música, de Beatles, de Paul, de todo. No puedo explicarlo mejor, porque fue mitad sueño y mitad realidad. Esas cosas que uno vive y no termina de caer.

La lluvia nos acompañó hasta el final y McCartney nos regaló varios “últimos temas”. Terminamos al son del melancólico “All you need is love” con un nudo en la garganta.

…Paul en Quito.

 

La pucha que estábamos agradecidos. Qué momento, qué unico.”Chuta, ya me puedo morir tranquilo” me dice el flaco de al lado con la mirada perdida. Sonrío. “Perdón por colarme” le dije. Me puse el ponchito plástico y y me dirigí a la salida atestada.

 

Bocadito heladero: banana y maní

Por mucho que me cueste respetar la dieta, decidí poner en práctica algunas recetas de la Detoxinista y este fue el primer intento de bocadito saludable: helado de banana y mantequilla de maní.

SAMSUNG CAMERA PICTURES

Hershey’s drops y menta

SAMSUNG CAMERA PICTURES SAMSUNG CAMERA PICTURES

Claro que las fotos de la comida que ella pone en su blog son extremadamente diferentes a lo que uno logra preparar en la casa (a todos nos pasa, ¿verdad?) pero debo decir que esta receta me conquistó por lo fácil, barata, deliciosa y tiene el magnífico plus de que el Penguin lo bautizó como uno de sus postres favoritos.

La receta no me la van a creer…

PicMonkey Collage

bananas maduras + mantequilla de maní

La banana/guineo tiene que estar madura (mejor con algunas manchitas negras en la cáscara así está más dulce). Hay que cortarla en trozos, congelarla bien y luego procesarla.

Bien congeladas y a procesar.

Bien congeladas y a procesar.

¡Y listo para servir! como adicional yo le puse dos cucharadas de mantequilla de maní y lo mezclé apenas para que quede veteado (simplemente espectacular) pero también debe quedar muy bien con Nutella, chips de chocolate o bien argentino, con dulce de leche repostero.

Créanme que sale un helado cremosísimo y suave, para nada cristalizado. En Ecuador, la banana es increíblemente deliciosa y una de las frutas más baratas. Ahhhh…es rrrricooooo!.

Playback en el asiento trasero, otra vez.

“Hoy nos vamos a Quevedo”, me dijo el Penguin alegre el sábado temprano. “Ehhh…estoy un poco ocupadita, tengo un par de cosas que hacer, ir al Mall del Sol a buscar unas cosas y bueno, cosas…”. Terminé sentada en el asiento trasero con él, un economista, mis suegros y el dvd de José Luis Perales. Otra vez. Una y otra vez.

Imagen

Al final Quevedo no es tan aburrido como pensé, fui injusta. De hecho, han abierto el primer centro comercial donde me compré una falda en descuento yyy…lo más hermoso es que después fuimos a la finca del economista. En la entrada nos esperaban 4 señoras (tías me imagino) vestidas con sus mejores vestidos, alegres y con una jarra de jugo de naranja, increíble. Dios mío, qué grandeza de tierra que tiene el Ecuador.

20140419_180734

The economist.

Por el camino pedroso veíamos las casitas sobre los cerros llenos de palmeras, cacaoteros, árboles de naranjas dulcícimas, árboles de jazmines que despedían un aroma tan dulce y tan fuerte que te obligaba a cerrar los ojos y disfrutar.

 

Huele a perfume. Cierra los ojos y se inmoviliza.

Huele a perfume. Cierra los ojos y se inmoviliza.

No hay palabras: donde cae una gota de lluvia crece una planta en esta tierra. Es la manifestación de la generosidad misma.

20140419_181406

La pepa de oro: cacao en estado puro.

20140419_175829

Alguien estuvo por aquí.

20140419_175850

Al azar: como el viaje era de dos horas el cd de Perales se repitió 5 veces aproximadamente. Hay un tema con el que aprendí a hacer el playback, se llama Dime (escúchenlo). La parte final donde cantan los pibes “dime, ¿por que la gente no sonríe? / ¿por que las armas en las manos? /¿por qué los hombres malheridos?” y al final se mete José Luis otra vez con un “dime” final…¿no les parece comiquísimo? jajaja, nada que ver, no podía parar de reír. No sé si era la cantidad de veces o si en verdad es nada que ver. Ahí me dicen.

 

 

¿Un bocadito?

¡Sí! Nueva sección en EcuatorianaEnConstrucción. No puedo negar la relación demasiado íntima que tengo con todo lo comestible, ¡no puedo!. Y mi computadora está llena de carpetas con fotos de los tentenpiés que comí por ahí. Así queeee…¡las vamos a compartir! ¡yeeeei!Oh, re entusiasmada la vaga

El bocadito de esta noche es el broche de oro para cualquier día veraniego de trabajo. O mejor dicho, es el broche de oro para cualquier día: la majestuosa mousse de maracuyá. 

Imagen

 

Imagen

 

Es tremendamente cremosa, con el ácido sutil del maracuyá, el crocante de las pepitas, el dejo a leche condensada. Es la muerte gente, la muerte. De hecho, hasta tengo ganas de llorar porque me gusta tanto. Es tremendamente adictivo, no es empalagoso y, lo mejor de todo: a prueba de tontos y a prueba de bolsillos rotos, ¡baratísimo!

Imagen

Ponés los tres ingredientes en la licuadora, apretás el botón un buen ratito y chau pescado. ¿No es genial? Lo tienen que hacer porfa, es maravilloso. Si no tenés maracuyá, le ponés jugo y ralladura de limón y queda buenísimo también. Lamentablemente no he visto que vendan leche evaporada en Argentina pero en Chile, Ecuador y Perú es muy, muy común. 

Pd: la receta me la pasó mi amiga Elsita de bolivia casada con ecuatoriano y viviendo aquí ¡gracias por siempre! (¡para que veás Elsita que sí te nombro!).

 

¡Se nos vino el tsunamiiiii!

Y yo sigo morfando alfajores de pueblo playero (¡están buenos!).

Imagen

Han sido días de puro stencil y papel contact negro. Eso se llama vivir en casa alquilada y haber aprendido de la experiencia de rayar una pared ajena anteriormente (una genia mi exarrendataria que me permitió dejar las poesías en sus paredes). Las paredes blancas de la casa nueva me estaban matando, me perseguían. Era llegar a un lugar que no decía nada de nadie, que no inspiraban a nada y peor cuando uno de los amigos entra y te dice “todo blanco, parece de muerto”. Whaaaat? No, mi casa no es de muerto señor, no.

Así que ni lenta ni perezosa ni gastadora, quise empapelar la pared…cuando me dí cuenta que ese tipo de papel está sobre los U$D 50 los 3 metritos, se me fueron las ganas y terminé sacando de la góndola de Ferrisariato el clásico papel contact. Todos hemos tenido la experiencia de forrar los cuadernos de la escuela con él, que se hacían unas arrugas terribles. ¡Qué gusto descubrir que cuando pinchabas con una aguja las burbujas de aire todo quedaba lisito!. En fin, volví a eso. Más de 5 mtrs. a U$D2.50…ah, amo ahorrar. Lo malo o raro debería decir es que ahora todas las decoraciones son en negro, incluyendo dos cuadros de Guayasamín -gran artista guayaquileño- que colgamos en la pared.

Imagen

Da miedito, lo sé. 

Queríamos tener un gatito que nos ronroneara cada vez que lo veíamos, que nos diera la bienvenida mimoso y sensual como son ellos, que comiera poco (o nada), que pudiéramos dejar en la casa y que no hiciera cacuna adentro.

Imagen

Saludemos a los lectores gatito.

Y al final resultó que el sillón gris que conseguimos para recibir a la gente y descansar, es donde todo el mundo prefiere sentarse a whatsapiar y whatsapiar y sacarse fotos, así que lo llamamos “el sillón de la conexión” y abajo pienso poner la contraseña del wifi…y claro, el twitter de Penguin y el rss de EcuatorianaEnConstrucción.

Imagen

¿Me das la clave del wifi?

¿Qué les pareció el intento de decoración? ¿no es acaso una necesidad hacer de una casa/cuarto un hogar, un lugar de pertenencia, tu nido en el mundo? Para mí sí, totalmente. Tengo ganas de hacer miles de cosas en las paredes, llenarlas de mensajes, poesías, fotos y dibujos pero bueno, “kam, kam, ruz be ruz” diría mi viejo (“despacio, despacio, día a día” en idioma farsí).

Cambiando de tema, les cuento que estoy totalmente enganchada con dos blogs que encontré, me tienen loca. Uno es Going Home to Roost de una chica que es vegana sigo a full con la onda naturista y hace manualidades, es súper estética y tiene ideas que copan. Es un deleite así que visiten. El otro es Detoxinista, una “man” topísima que tiene toda una teoría sobre la combinación de alimentos y también hace comida muy saludable, orgánica y súper fácil. Hay varias recetas que me apunté a hacer. Ya sé, ¡todas son en inglés! Pero bueno che, las fotos están lindas, la mayor parte de las cosas se pueden entender y siempre está nuestro querido Google Translate para todo.

Y de bonus track les dejo algo interesantísimo que leí sobre las 18 cosas que las personas creativas no hacen igual que el resto. Así que si te considerás creativo o estás rodeado de personas así (seguro que sí), te va a venir muy bien.

 

Navegador de artículos

Ecuatoriana en construcción

Los días de una argentina en el pueblo que no le teme a la lluvia

Cookin' the life

Repostería, cocina, comida y amor.

Riccardo Franchini. Godete

Bere Mangiare Viaggiare. Scopare la Vita.

blog-muchomasqueunviaje.com

"Cuéntanos el viaje de tu vida y lo haremos realidad en cualquier lugar del mundo"

Kamikazed

Party People

TED Blog

The TED Blog shares interesting news about TED, TED Talks video, the TED Prize and more.

Mochilas en viaje

Blog de viajes. Crónicas y pensamientos desde una mirada más humana

Que bonita la vida...

Siempre somos una, las palabras y yo.

A %d blogueros les gusta esto: